Sexo sentido

‘Follamigos’: entre la libertad y el riesgo emocional

Relaciones 'sin compromiso' ganan terreno entre jóvenes y adultos, pero los especialistas en sexología, Jesús Rodríguez (ISEMU) y de La Eroteca, Eva Camacho advierten: acuerdos claros, consentimiento y cuidados afectivos son claves para no salir heridos.

Julián Vigara

Murcia |

Eva Camacho y Jesús Rodríguez, sexólogos

La figura del amigo con derecho a roce —popularmente, follamigos— se ha normalizado en la conversación social como una alternativa “práctica” al noviazgo tradicional: amistad, atracción y sexo, sin expectativas de pareja. Sin embargo, lo que sobre el papel parece sencillo se complica en la práctica: el cuerpo segrega química, aparecen expectativas y, con frecuencia, uno de los dos quiere más de lo pactado.

Especialistas en sexología y terapia de pareja subrayan que el modelo no es 'bueno' o 'malo' en sí mismo, pero exige madurez emocional, capacidad de comunicación y un apego seguro para diferenciar deseo de afecto. Entre los perfiles menos recomendables figuran quienes atraviesan una ruptura reciente, presentan apego ansioso o buscan 'anestesia' para la soledad: en estos casos, la follamistad puede rebajar el estándar emocional y normalizar la intermitencia afectiva.

Los riesgos más habituales pasan por el desajuste de expectativas (uno pide exclusividad y el otro no), los celos soterrados, la confusión entre atención sexual y vínculo, y los silencios que evitan conversaciones incómodas. Los profesionales recomiendan verbalizar, antes de empezar, acuerdos mínimos: frecuencia de contacto, (no) exclusividad, manejo de celos, límites en redes y una salida pactada si cambian los sentimientos.

En el terreno de la salud sexual, el consenso es claro: consentimiento expreso en cada encuentro, uso de barreras, pruebas periódicas de ITS y una comunicación que no “mate” el clima, sino que lo haga seguro para ambas partes. Tras el encuentro, el llamado aftercare —mensaje de cuidado, revisión de sensaciones y reajuste de acuerdos— ayuda a que nadie se quede en el limbo afectivo.