Hoy en nuestro espacio habitual de psicología vamos a hacer algo un poco diferente a lo que os tenemos acostumbrados. Normalmente Edgar Bresó y yo charlamos sobre curiosidades de la mente. Sin embargo, hoy vamos a cambiar el formato por una razón muy especial.
Hoy queremos abordar en profundidad el tema del duelo. Y la razón de tratar esta temática hoy es porque nuestro psicólogo de guardia lo está viviendo en primera persona tras el reciente fallecimiento de su padre. Edgar, buenas tardes. Antes de nada, un abrazo muy fuerte de parte de Ondacero y nuestro más sentido pésame.
Muchísimas gracias, Luís. Buenas tardes a todos. Sí, hoy es un programa distinto y sin duda muy especial y difícil para mí. Cuando la pérdida te toca tan de cerca, la psicología deja de ser la teoría de los libros y se convierte en algo puramente vivencial y por eso he querido aprovechar este espacio para hablar abiertamente del duelo porque, como sociedad, a menudo nos cuesta hablar del dolor y de la muerte. Y desde mi punto de vista, entender qué nos pasa por dentro en estos momentos puede ayudar a poder afrontarlo con mayor éxito. Por eso, entendiendo que este espacio, además de difundir conocimiento está para ayudar a la audiencia a sobrellevar los problemas del día a día, hoy voy a poner un granito de arena muy especial que espero que sea útil para alguna de las personas que nos
Para empezar a poner luz, Edgar: desde la psicología, ¿Qué es exactamente el duelo y qué le ocurre a nuestra mente cuando perdemos a un ser querido?
Lo primero que debemos dejar claro es que el duelo no es una enfermedad ni un trastorno; es la respuesta natural a nivel emocional, cognitivo y físico ante la pérdida de un vínculo significativo. Es un proceso mediante el cual reorganizamos nuestra realidad cuando, de repente, la persona que formaba parte de tu mapa diario ya no está. Y recalco lo de "físico y cognitivo" porque, tenemos que entender que el cambio (o más bien el impacto) del duelo se nota evidentemente en cómo nos sentimos, pero también el procesamiento de la información y en nuestra sensación corporal y como hemos comentado otras veces al hablar de las emociones, el duelo genera un enorme desgaste a nivel físico y corporal: presión en el pecho, fatiga, problemas de sueño o momentos de anestesia emocional. Y eso no es otra cosa que el esfuerzo del sistema nervioso intentando procesar el impacto.
En mi caso, por ejemplo, se tradujo en acentuar mis despistes, olvidar cosas, dejarme la nevera abierta, se me caían las cosas de las manos, etc. Porque mi atención estaba dividida.
Solemos oír hablar de las típicas "fases del duelo" (la negación, la ira, la depresión, la aceptación). ¿Cómo es este proceso? ¿Es un proceso lineal donde se va pasando ordenadamente de una fase a otra?
En absoluto, ese es uno de los grandes mitos. El duelo no es una escalera en la que vas subiendo peldaños. Se parece mucho más a una montaña rusa. Un día sientes que estás asimilándolo mejor y al día siguiente un detalle, un recuerdo o una fecha te devuelve a un lugar de dolor y de tristeza. Y es importante recalcar que eso no significa retroceder, sino que la mente procesa el dolor a oleadas para no colapsar. En mi caso, esto me ha generado cierta frustración ya que nos hacemos la idea de que es un proceso que tiene que ver con el paso del tiempo (con el tiempo se pasa) pero eso no es así. Un duelo no es una herida que debe cicatrizar, es un cambio de marco.
Edgar, al estar viviéndolo ahora mismo en primera persona, me gustaría hacerte algunas preguntas más personales. Como experto en psicología que de repente se ve dentro de este proceso: ¿Cuál ha sido el impacto a nivel psicológico o cognitivo más importante o chocante que has notado en ti mismo en este tiempo?
Lo que más me ha impresionado a nivel cognitivo es la niebla mental y la saturación de la memoria de trabajo. Los primeros días, el cerebro está tan volcado en procesar la pérdida que detalles cotidianos, la concentración o la capacidad de tomar decisiones sencillas se reducen muchísimo. Ves en ti mismo cómo la atención se estrecha y el cansancio mental es real. Experimentar en tu propia carne esa "anestesia" cognitiva te hace comprender de forma muy humilde lo que siempre has explicado en consulta.
Por ejemplo, a nivel motor y conductual, falta de coordinación, se te caen las cosas, ej: el bote de sal, te dejas cosas olvidadas, ej: dejarme la puerta de la nevera abierta, etc. Pero también cierta… digamos tristeza “latente” que en determinados momentos aparece.
¿Y a nivel emocional? Dentro de todo lo difícil de la situación, ¿qué aspectos crees que has llevado mejor de lo que suponías?
Me ha llamado la atención la capacidad que, tanto mi madre como yo tuvimos para vivir el momento al que más miedo tenemos (el momento de la muerte). Mi padre falleció en la cama durmiendo, simplemente no se despertó (la pila se le agotó) y nos lo encontramos mi madre y yo cuando fuimos a despertarlo. La verdad es que uno no se puede hacer nunca a la idea de vivir ese momento, pero créeme Luís, que cuando ese momento llega somos mucho más capaces de lo que pensamos para sobrellevarlo, como apuntan muchas investigaciones realizadas en emotional forecast.
Y con respecto lo que más me ha ayudado (o me está ayudando en este duelo) sin duda, ha sido el no luchar contra las emociones cuando aparecen. Como psicólogo, uno corre el riesgo de querer "analizarse" constantemente. Sin embargo, me ha sorprendido gratamente la capacidad de soltar el control: si un día toca estar triste, se valida y ya está. Si surge un recuerdo bonito que te saca una sonrisa, se celebra.
Es imprescindible, aceptar la tristeza sin juzgarla como algo que hay que "arreglar" rápidamente ha sido un gran alivio.
¿Cómo lo has ido afrontando en tu día a día y qué papel ha jugado tu familia en todo esto?
El afrontamiento ha sido muy progresivo, combinando momentos de recogimiento con el mantenimiento de pequeñas rutinas diarias. Y el rol de la familia ha sido absolutamente central. El duelo no se debe transitar en soledad. Compartir los recuerdos, hablar abiertamente de mi padre, llorar juntos o simplemente estar en silencio arropándonos unos a otros ha sido el verdadero pilar. La red familiar actúa como un amortiguador emocional insustituible.
Es fundamental esto que cuentas sobre el arropamiento familiar. Pasando a otro aspecto clave, no todas las pérdidas ocurren en las mismas circunstancias. ¿Qué diferencias existen entre los distintos tipos de duelo según cómo se produce el fallecimiento?
Esa es una distinción crucial en psicología. No es lo mismo un duelo evolutivo o esperado —por ejemplo, cuando fallece un familiar muy mayor o con una enfermedad prolongada, donde la mente ha podido hacer una cierta anticipación de la pérdida—, que enfrentarse a un duelo traumático e inesperado.
¿Y cómo son estas diferencias, háblanos un poco más en detalle de eso?
Cuando una persona fallece de forma repentina, por ejemplo, un accidente de tráfico, un cuadro médico fulminante, o una catástrofe como por ejemplo la DANA, donde la pérdida se produce de una forma violenta, absurda y, en el caso de la DANA, con la impotencia añadida de sentir que ha habido una evidente incompetencia en la gestión de la emergencia la mente, de algún modo, colapsa. En cambio, en una pérdida evolutiva, la mente ha tenido cierto margen para encajar la idea de la despedida. Pero en el duelo traumático e inesperado, el impacto rompe de golpe todos los esquemas de seguridad. De hecho, está empíricamente demostrado que, lo peor que le puede pasar a un ser humano a nivel emocional es perder a un hijo/a de modo fortuito.
¿En qué cambia la forma de afrontar un duelo traumático frente a uno más esperado?
Las estrategias y el estado de la persona son muy diferentes: En el duelo natural: El trabajo principal se centra en la adaptación, el procesamiento de la tristeza, la expresión emocional y el homenaje a la persona que se ha ido. En cambio, el duelo traumático/inesperado: Lo primero es estabilizar. No se puede procesar el significado de la pérdida si la persona está en shock o sufríendo estrés postraumático. Hay que priorizar la seguridad, el apoyo básico, el descanso y calmar el sistema nervioso.
En segundo lugar, La gestión de la rabia y la indignación: En pérdidas injustas o inesperadas (como en el caso de la DANA), la rabia y la búsqueda de justicia son muy intensas.
Esa rabia es legítima y es importante que le demos un cauce sano para que no bloquee a la persona. Aquí el acompañamiento profesional es esencial: Mientras que el duelo natural suele procesarse bien con la red social y familiar, en el duelo traumático es muy recomendable contar con apoyo psicoterapéutico especializado.
Aquí, para mí es inevitable pensar en el padre de un amigo mío que lamentablemente falleció en Algemesí el día 29 de Octubre del 2024. Se trataba de una persona mayor, igual que mi padre, que tenía problemas de salud y de movilidad (igual que mi padre) pero que a diferencia de mi padre, él fue víctima de la incompetencia de nuestras administraciones para avisar adecuadamente a nuestra población. Lógicamente el estado emocional que mi amigo y su familia sintieron es igualmente triste que el mío (por la ausencia y la pérdida) pero la etiqueta de la emoción es muy distinta. Mientras que el mi emoción es esencialmente tristeza, la suya es mucho más parecida a la rabia.
Para los que estamos alrededor de alguien que está pasando por una pérdida, ¿Cuál es la mejor manera de acompañar sin caer en frases hechas o Resultar incómodos?
Desde luego, como bien has dicho, acompañar bien no consiste en dar soluciones ni en decir frases del tipo: "tienes que ser fuerte", "al menos no sufrió" o "tienes que rehacer tu vida", etc. Acompañar es tan simple como sostener la presencia.
Es decir con palabras y, sobre todo con gestos: "Estoy aquí para lo que necesites”.
Y en el caso de duelos traumáticos, la ayuda práctica (echar una mano con las tareas cotidianas, la comida, los trámites). Todo eso, es infinitamente más valioso que las palabras buscando consuelo rápido.
Edgar, llegamos al final de este espacio tan especial. ¿Con qué reflexión te gustaría despedirte hoy de los oyentes de Onda Cero?
Me gustaría transmitir que el objetivo del duelo no es "superarlo" como si fuera una prueba a vencer, ni mucho menos "olvidar" a quien se ha ido. El objetivo es aprender a recolocar a esa persona en nuestra memoria y en nuestro corazón. El
dolor del duelo es, en cierto modo, el reflejo del amor que sentimos por esa persona. Y debemos darle su espacio a ese dolor. Creo que eso es una excelente forma de honrar su vida y su legado en nosotros.
Edgar Bresó, un abrazo de mi parte y también de parte de Ondacero. Gracias por tu valentía y generosidad al compartir este análisis y tu vivencia con nosotros.
Muchas gracias a ti, Luís, y a todos los oyentes. Nos escuchamos pronto.
