Hoy emitimos en un ambiente muy especial, en plena "semana taurina" donde las calles están vivas, Algemesí se llena y algunas personas que viven fuera del pueblo durante el año hacen una visita obligatoria y regresan a casa (como es precisamente el caso de nuestro psicólogo de guardia).
Es época de alegría y abrazos, pero... seamos sinceros, también es época de "reencuentros de riesgo". Seguro que a más de uno le ha pasado estos días: estás disfrutando de la fiesta, te cruzas con alguien que hace tiempo que no ves y, de repente, te empieza a contar su vida con todo lujo de detalles. Te interesa cero, pones mala cara, miras hacia los toros, hacia las peñas, miras el reloj... pero esa persona no se da cuenta. Sigue y sigue hablando, no te mira a los ojos y te mete una "chapa" descomunal en pleno ambiente festivo. Para analizar este fenómeno tan de pueblo y tan humano, nos acompaña nuestro psicólogo de guardia, Edgar Bresó. ¡Hola, Edgar! ¿Cómo van las fiestas?
¡Hola, Luís! Encantado de estar aquí de nuevo, viviendo el ambiente y sacando tiempo para poder disfrutar de esta fiesta que, desde que soy muy pequeño llevo un poco en mi ADN. Y sí, el tema de hoy es pura sociología “de pueblo”. En estas fechas se da el caldo de cultivo perfecto: euforia, ganas de contar lo que nos ha pasado en todo el año y lugares concurridos donde la comunicación verbal y no verbal se entremezcla e incluso nos satura. Sobre todo, los fines de semana cuándo viene todo el mundo y se dan un montón de reencuentros y conversaciones.
Bueno, entremos en “faena”: Estás en la calle o en una caseta, con música de fondo, gente bailando, cantando, hablando y de repente alguien empieza a hablar contigo... Le pones cara de cansancio o intentas dar un paso atrás, ¡y ni lo ven! Solo van a la suya a contarte su historia. ¿Por qué no se dan cuenta de que no nos interesa?
Desde la psicología social, hay dos factores clave que se potencian en un entorno festivo como la semana taurina:
En segundo lugar, el Quiebro de la monitorización no verbal: Para captar si aburrimos a alguien, necesitamos mirar al rostro del interlocutor y procesar sus microexpresiones (mirar a los lados, la mala cara, el cuerpo orientado hacia afuera). En las fiestas, con tanto ruido y movimiento, la persona que habla suele perder el contacto visual directo; mira al horizonte o a la multitud mientras habla, por lo que tus señales de desinterés le resultan literalmente invisibles.
Claro, como ellos están entusiasmados por todo lo que han hecho mientras no te han visto (nuevo trabajo, vida fuera del pueblo, vacaciones, etc.), dan por hecho que tú estás igual de entusiasmado escuchando su historia…
Eso es lo que en psicología llamamos un sesgo de egocentrismo cognitivo. Asumimos de manera automática que lo que para nosotros es súper relevante o emocionante, también lo es para la persona que tenemos enfrente. Además, en estas fechas entra en juego la propia emoción de la fiesta. La excitación del momento actúa a veces como una "anestesia social": la persona no habla por malicia ni por egoísmo consciente, sino impulsada por la propia inercia del reencuentro y si no se para unos segundos a observar cómo reacciona la otra persona, no hay posibilidad de ajuste.
Y en medio de la calle, ¿cómo gestionamos esto? Porque poner mala cara no funciona ya que no te miran, pero tampoco quieres arruinar el ambiente festivo o ser desagradable.
Como la vía no verbal (las miradas o gestos) no está llegando, no nos queda más remedio que pasar a la vía verbal explícita y asertiva, aprovechando el propio contexto festivo. Voy a proponer 4 acciones clave:
- Ruptura de patrón rápida con el entorno: Apoyarte en la fiesta para cortar educadamente. Por ejemplo: "¡Oye! Me alegro muchísimo de verte de nuevo por el pueblo, pero me están esperando los del cadafal, ¡luego nos vemos!".
- Establecer el tiempo desde el primer segundo (el que da primero, da dos veces): Si ves venir a la persona que sabes que es dada a estos monólogos, no esperes a que empiece: "¡Hombre, qué alegría! Voy a toda prisa a por una bebida, pero qué bien verte por aquí".
- NO pasar de él/ella: Tenemos la tendencia a pensar que si les ignoramos, en algún momento parará y eso no es así. Es mejor mostrar atención/interés. Como pasa también en las reuniones de trabajo.
- Involucrar al grupo: Apoyarse en la multitud y pasar la conversación a un plano colectivo para que no te absorba en un "uno a uno" interminable.
Grandes consejos para sobrevivir a la semana taurina y a sus reencuentros. Edgar, para ir terminando el programa de hoy, ¿con qué idea te gustaría que se quedaran nuestros oyentes en estos días festivos?
Si nos toca estar en el lado del que escucha, recordemos que las caras de póquer o las malas caras sutiles pocas veces funcionan cuando hay ruido y entusiasmo; la asertividad educada es la mejor herramienta para no desesperarse.
Y si somos los que estamos contando la historia, hagamos un pequeño ejercicio de conciencia festiva: cuando nos reencontremos con alguien en la calle estos días, paremos unos segundos, miremos a los ojos a la otra persona y comprobemos si realmente hay espacio para la conversación o si le estamos metiendo una "chapa" en plenas fiestas.
Sabios consejos, como siempre, de nuestro psicólogo de guardia. Edgar Bresó, a disfrutar de las fiestas y de la semana taurina. ¡Nos escuchamos pronto!
