opinión

El chiringuito de Ceuta

Con el profesor y escritor, Javier Arias Artacho

Luis Méndez

La Ribera |

Javier Arias Artacho

A vueltas con el tema del mes, aunque para nuestro presidente no lo fue tanto, tengo la sensación de que lo sucedido en Ceuta es irreal, fruto de una realidad paralela. El mundo al revés, digámoslo así. Según Margarita Robles, la ministra de Defensa o la pájara, tal como se refirió Sánchez a una de las mejores mujeres que tiene en su gobierno, el colapso de nuestra porosa frontera era tan inminente que era una pesadilla para los ceutíes antes del 31 de julio. Lo sabía hasta el Tato, pero el Ministerio de Interior lo niega y por ello no tomaron ninguna medida. No lo hicieron entonces, ni tampoco después, porque dijeron que había normalidad tras 48 horas de una ciudad tomada, y el presidente se fue de vacaciones recomendando su lista de Spotify. ¡Hay si Mazón se hubiese atrevido a algo semejante! ¿Qué hubiera dicho el portavoz de la verdad moral? ¿Qué hubiese dicho nuestro adalid Gabriel Rufián?

Un sinnúmero de ilegales no menor a nueve mil almas paseándose por la ciudad mientras el gobierno envió un ordenador y una pasarela de ministros para no resolver nada, sino más bien para decir que los ceutíes tenían tintes racistas, como insinuó la impopular ministra de Sanidad, Mónica García. Un mes, un ordenador y mucha normalidad después de una invasión, tal como se refirió a ella Melchor León, diputado socialista en Ceuta. Una invasión y un ordenador para teclear el proceso de devolución de inmigrantes que pasaron la frontera mayoritariamente para un “ver qué pasa”, porque saben muy bien que aquí no pasará nada porque el gobierno continuará con su discurso de no cuestionamiento a su política migratoria. Una invasión, un ordenador, miles de ilegales con todo lo bueno y lo malo que hay en cada casa y ni un comentario al artífice de todo esto: Marruecos. ¿Qué tiene nuestro presidente con Marruecos? ¿Qué tiene? Es un iceberg del que todo el mundo rumorea, pero del que solo podemos observar la puntita.

El mundo al revés, pero ahora ya han llevado cuatro ordenadores para detener un tsunami con la mano. Nuestro presidente volvía a irse de vacaciones a Andorra, pero los ceutíes le reclaman más ordenadores y más determinación y dicen que se ha quedado después de tres semanas en su exilio de la playa. Ya está tomando nota Marruecos: la próxima vez será una marcha verde de medio millón y entonces serán los marroquíes quienes pondrán miles de ordenadores para echar a los ceutíes. Parece una distopía, pero cada día es más verosímil. Saben que Trump mirará hacia otro lado y que Europa quiere armas, pero no guerras. En esas estamos, con Marruecos duplicando el gasto en Defensa de España, como si no pasara nada, mientras los tontos útiles alzan la voz en pro de los 80.000 invasores con un “pobrecitos” que parece más un eslogan político que siguen con fanatismo.Un gobierno, un estado, debe garantizar la entrada y salida de personas de forma legal. Un gobierno debe procurar que sus leyes se cumplan y, al mismo tiempo, promover medidas para el desarrollo de un mundo mejor. Una nación no es una ONG. No todos aquellos que quieren que España sea una ONG apoyan durante el año a las cientos de ONG.

Alrededor de 733 millones de personas pasan hambre en el mundo. ¿Es posible que un estado los acoja a todos? ¿Es posible mantener la demagogia de que el problema del hambre se soluciona desde la ilegalidad? Es un drama el que viven miles de subsaharianos que sacrifican su vida por un mundo mejor. Sobre todo, porque quedan relegados al mismo grupo que aquellos que pasan la frontera desde Marruecos para ver qué pasa, no porque estén mal, sino porque España les pone una alfombra roja con un discurso facilón y medidas que, sin lugar a dudas, cada día aumentan un poco más el efecto llamado.

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