Las fuertes rachas de viento registradas este miércoles en Alicante, que en algunos puntos superaron los 90 kilómetros por hora, dejaron una imagen repetida en distintos barrios de la ciudad: árboles arrancados de raíz, palmeras partidas y numerosos daños materiales, especialmente en vehículos estacionados en la vía pública. Afortunadamente, no hubo que lamentar daños personales.
Pero, ¿fue el viento el único responsable de lo ocurrido? La respuesta es no. Así lo ha explicado José Luis Romeu, ingeniero agrónomo, paisajista y responsable de jardinería de la Universidad de Alicante, en una entrevista en Más de uno Alicante, con Luz Sigüenza, donde ha analizado las causas que hay detrás de estos episodios.
Según Romeu, la caída masiva de árboles fue el resultado de una combinación de factores. “Las lluvias de las últimas semanas han empapado el terreno, el viento de ayer fue muy intenso y, además, los árboles en la ciudad suelen tener sistemas radiculares superficiales”, señaló. Todo ello, añadió, “forma un auténtico cóctel mortal”.
El experto explicó que los árboles urbanos viven en condiciones muy distintas a las de un entorno natural. El espacio reducido para las raíces, los suelos compactados y los sistemas de riego localizados, como el riego por goteo, favorecen que las raíces se desarrollen cerca de la superficie, lo que reduce la estabilidad frente a episodios meteorológicos extremos.
En un contexto de cambio climático, el ingeniero agrónomo advirtió de que estos fenómenos serán cada vez más frecuentes y subrayó la necesidad de replantear el modelo de arbolado urbano. “Queremos sombra, calles más frescas y ciudades más amables, pero eso exige planificación, mantenimiento y aceptar que los árboles son seres vivos, no mobiliario urbano”, ha dicho.
La entrevista coincidió, además, con un acto simbólico en la Universidad de Alicante: la plantación de especies vegetales destinadas a atraer mariposas y otros polinizadores, con el objetivo de fomentar la biodiversidad. Una iniciativa que, en palabras de Romeu, demuestra que “cuidar el verde urbano no es solo una cuestión estética, sino una inversión en resiliencia, salud y futuro”.
