Estar permanentemente conectados no significa necesariamente estar más conectados con los demás. Es una de las reflexiones planteadas por Bárbara Díez en el regreso de Mentes Divergentes a Más de Uno Cuenca, una sección que esta semana ha puesto el foco en nuestra relación con el móvil, las redes sociales y las nuevas tecnologías.
Díez señala que las investigaciones empiezan a estudiar cómo un uso indiscriminado de los dispositivos puede relacionarse con las funciones ejecutivas, entre ellas el control inhibitorio de la conducta, que permite frenar impulsos, así como con la atención y la concentración. La especialista subraya, no obstante, que todavía se necesitan más investigaciones para conocer el alcance de estos efectos.
¿Dónde está entonces la señal de alarma? Para Díez, uno de los indicios aparece cuando dejar de consultar el teléfono genera ansiedad, inquietud o una sensación compulsiva de tener que comprobarlo. Acciones cotidianas como no poder terminar una película sin consultar las notificaciones pueden servir para preguntarnos hasta qué punto el dispositivo ha dejado de ser únicamente una herramienta y comienza a condicionar nuestra conducta.
Entre las medidas para recuperar el control, propone introducir deliberadamente pequeñas pausas cuando aparece ese impulso de mirar inmediatamente la pantalla, limitar el acceso al dispositivo en determinados momentos o, por ejemplo, dejar el teléfono fuera de la habitación al acostarse. El objetivo no pasa por eliminar la tecnología, sino por evitar acostumbrarnos a responder automáticamente a cada estímulo.
La preocupación aumenta cuando se habla de niños y adolescentes. Díez recuerda que existen etapas especialmente sensibles del desarrollo cerebral y considera importante controlar los estímulos a los que están expuestos los menores. En el ámbito familiar apuesta por explicar los límites, adaptarlos progresivamente a la edad y, especialmente, predicar con el ejemplo: “Los niños actúan por modelaje, no por lo que se dice”.
En los adolescentes añade otro elemento: fortalecer la autoestima y el pensamiento crítico para que puedan interpretar lo que encuentran en las redes y comprender las diferencias entre aquello que se muestra en una pantalla y la realidad.
La conversación también ha abordado la creciente presencia de la inteligencia artificial en la vida cotidiana. Díez considera que puede ser una herramienta útil, pero advierte de las limitaciones de recurrir a sistemas de IA para sustituir relaciones humanas o buscar acompañamiento emocional, especialmente entre adolescentes. “Estás hablando con una inteligencia generativa, no estás hablando con un ser humano”, recuerda.
