De tantas concesiones individuales y colectivas el equipo pareció en Girona un concesionario. El embrujo de los seis primeros puntos era un poco ficticio, como mirar la clasificación en la jornada 2, la primera llega en el último aliento y la segunda en un partido que posiblemente no debía ni haberse jugado.
Si obviamos el confeti de las dos victorias iniciales, si tratamos de rascar un poco observamos fácilmente que las costuras que se veían en Marbella, que los remiendos que se veían con la confección de la plantilla aún antes de llegar a Marbella cuando ya se especulaba que saldrían Mika y Barcia era que quiénes iban a hacer ese trabajo fundamental con el balón desde atrás, pues bien, se ha llegado a la jornada 3, a 29 de agosto, con Álex Suárez -solo hay que recordar lo que hizo el Málaga en el Playoffs, impidiendo la salida con Mika, dejando a Álex- y Juanma Herzog tratando de mover la bola, con un central jugando de lateral izquierdo por las circunstancias, cuando tienes un canterano en el banquillo para ese puesto, con otro recién llegado que es una absoluta incógnita, con otro que acaba de debutar en Segunda con minutos residuales.
Tres partidos no son una muestra extensa, pero sí pueden hacer ver qué tal se ha desempeñado el equipo, hacia dónde va, qué quiere De la Barrera. Si el primer día ya decíamos que se sabía lo que se buscaba; tres semanas después solo podemos quedarnos con aquel esbozo inicial: ni en Ceuta, aunque se ganara, se dio una imagen ilusionante, sí bregadora, sí curranta, sí inteligente ni mucho menos en Girona, donde aunque es pronto para hablar de hecatombe, no hay otra palabra para definir el desastre que vimos. Es poca muestra, sí; seis puntos y un borrón bastante grande con el primer rival de peso que tienes para comprobar realmente tu peso, cómo funciona el estado. Si el orden natural de las cosas va por el camino correcto. Y ya hay asuntos que no se entienden: Jefté en banda no tiene sentido.
Hubo pocas posesiones en las que la UD estuviera cómoda, desplegara su ritmo, al contrario, en toda la primera parte no tiró ni fuera ni a puerta, Izan dominó el partido y ni Kirian ni Enzo estuvieron atinados en el control del tempo, en el dominio de lo que necesitaba el equipo. El golazo de Jastin fue un relámpago individual, pero no hubo respuesta hasta el descanso con los cambios, con el gol de Iván Jaime parecía que el panorama cambiaba, pero con el error de Caro todo lo que antes era preludio de lluvia acabó en tormenta. Es muy pronto, pero una desestructuración así de grande es una muy mala señal.
Por otro lado, qué lejos queda ya aquella irrupción maravillosa del primer día de Elías Romero, de Rafa Cruz – de ser el primer cambio a la tercera opción en su puesto, de repente-, y otro partido sin jugar Iván Medina. Esa UD que nos miraba a la cara y veíamos a nuestro yo infantil en los rostros de esos pibes. Ese fuego al que agarrarse parece que va menguando. Los sueños de una noche de verano se borran muy rápido, solo hay que dejar que pase el tiempo sobre ellos para ver su consistencia, su poso en el devenir de los días.
Queda una infinitud, los equipos se están ensamblando todavía, pero este guantazo ya no te lo quita nadie.
