Lo que debía haber sido una intervención para aliviar el dolor provocado por una hernia cervical terminó convirtiéndose en un giro radical para la vida de Irene Fuster, una vecina de Alaior residente en Es Mercadal. Tras someterse a una operación de la vértebra cervical C6, la menorquina asegura haber desarrollado graves secuelas neurológicas que la mantienen actualmente en silla de ruedas.
Fuster explica que convivía desde hacía tiempo con varias hernias cervicales y que había intentado evitar la cirugía. Sin embargo, el agravamiento de los síntomas y el pinzamiento de un nervio la llevaron finalmente al quirófano. Aunque la intervención se realizó con normalidad, afirma que apenas 24 horas después comenzó a encontrarse mal durante una breve caminata recomendada por los médicos.
A partir de ese momento, relata, su estado empeoró rápidamente. Permaneció ingresada durante 21 días y sufrió una hemiplejia que afecta a toda la parte derecha de su cuerpo
Tras recibir el alta hospitalaria, regresó a Menorca para afrontar una nueva realidad marcada por la dependencia física y un intenso impacto emocional.
La situación se ha visto agravada, según denuncia, por la decisión del Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS) de darle el alta laboral pese a contar con un grado de discapacidad reconocido del 65 %. Fuster considera incomprensible que se haya tomado esa decisión sin una valoración presencial y sostiene que sus limitaciones actuales le impiden desempeñar su trabajo habitual como educadora en un piso supervisado para personas con discapacidad intelectual.
“Caminar no puedo, pero luchar sí”, resume Irene Fuster.
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