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La antiquísima espada de Sobrefoz (Ponga) ya se exhibe en el Museo Arqueológico de Asturias

Fue localizada en la localidad pongueta en el año 1878 y constituye un objeto único de la Edad del Bronce

Enrique Carballeira

Infiesto | 18.05.2021 19:26

El presidente asturiano durante la presentación de la espada
El presidente asturiano durante la presentación de la espada | Prensa Principado

El presidente del Gobierno del Principado, Adrián Barbón, ha presentado hoy en el Museo Arqueológico la espada de Sobrefoz, un objeto único de la Edad de Bronce asturiana donado al centro cultural en 2019 por María Victoria Blanco del Dago, junto con diversos útiles de piedra de distintas procedencias.

Blanco del Dago, que ha estado presente en el acto, ha manifestado que la donación la hizo en memoria de su hermano Maximino, que dedicó gran parte de su vida a coleccionar y a salvaguardar el patrimonio cultural. El Museo Arqueológico de Asturias ha querido celebrar el Día Internacional de los Museos con este singular evento, al que han asistido también la consejera de Cultura, Berta Piñán; el director general de Cultura y Patrimonio, Pablo León, y la directora del museo, María Antonia Pedregal.

El que fuera catedrático de Prehistoria de la Universidad de Oviedo Miguel Ángel de Blas, gran especialista en la Edad de Bronce asturiana, ha sido el encargado de explicar la importancia histórica y el contexto cultural de la espada pistiliforme de Sobrefoz.

En la tesis doctoral de De Blas, publicada en 1983, se detallan las circunstancias del hallazgo de la pieza y de la antigüedad que le atribuyen los especialistas. La espada fue descubierta en 1878 en una cuerria del pueblo de Sobrefoz (Ponga), se identifica como perteneciente a la familia de las espadas con lengüeta tripartita y, dentro de ellas, al grupo de las pistiliformes atlánticas.

Los especialistas estiman que la pieza se enmarca en una cronología a partir del año 1.100 a.C., y destacan reiteradamente su carácter atlántico por sus paralelismos con piezas halladas en Galicia, el occidente de Francia y las islas británicas. La espada de Sobrefoz es un objeto único en el repertorio arqueológico de Asturias e ilustra un periodo del que se poseen muy escasos testimonios, ninguno de la entidad de esta pieza. La calidad de su factura técnica y la excelente conservación de su cuerpo metálico hacen pensar que procede de un depósito votivo o funerario relacionado con algún personaje importante de la época.

Con su llegada al Museo Arqueológico, la valiosa pieza podrá someterse a estudios tipológicos y metalográficos que aporten datos hasta ahora desconocidos. Del mismo modo, se abre la posibilidad de profundizar en el conocimiento de las técnicas metalúrgicas practicadas durante la Edad del Bronce en Asturias, y de verificar si los armeros que la fundieron y forjaron utilizaron el cobre que durante siglos proporcionaron las minas de El Aramo o El Milagro a los artesanos prehistóricos.

La donación

Tras su descubrimiento en Sobrefoz y su pertenencia a la colección de bienes arqueológicos de Sebastián de Soto Cortés, uno de los grandes coleccionistas de Asturias, el rastro de la espada se difuminó y es muy probable que ya en los años 30 del pasado siglo no estuviera localizada. En 1998, Maximino Blanco del Dago la redescubrió al realizar reformas en una vivienda próxima al palacio de Labra, casa familiar de Soto Cortés.

Blanco fue un arquitecto técnico establecido en Cangas de Onís que se especializó en la rehabilitación de edificios históricos, como el propio palacia de Labra, y en la construcción de hoteles rurales y casas de aldea. No obstante, su labor más reconocida fue la de adquirir, conservar y dar valor a un rico patrimonio popular y formar una gran colección de cerámica con piezas de alfareros asturianos, muchos de ellos ya desaparecidos. En 1995, inauguró el Museo Basilio Sobrecueva para dedicarlo al mundo de la cerámica.

La voluntad de donar la espada al Museo Arqueológico es una decisión de su hermana María Victoria para preservar el valioso bien arqueológico y ponerlo a disposición para la investigación y también para el disfrute de la ciudadanía. Así, en memoria de su hermano Maximino, María Victoria Blanco donó al museo en noviembre de 2019 la espada pistiliforme de la Edad de Bronce, un hacha de talón y dos anillas de bronce, así como un conjunto de ocho útiles de piedra de diferentes procedencia.