Pedro García reconoce que la tuna no está teniendo relevo generacional. Los jóvenes, cuenta, no parecen interesarse por este mundillo, algo que achaca a que "son más serios" y a las pantallas. Lo lamenta porque, afirma, la tuna es amistad y compañerismo, y una forma fantástica de aprender a superar obstáculos. Un tuno "aprender a pasar los malos momentos y a disfrutar de los buenos", nos cuenta.
Cuando Pedro estudiaba medicina, solo en Oviedo había siete tunas. Hoy queda solo una. Como le comenta a un amigo suyo que es "antituno", no hay que salir a matar tunos, solo hay que dejar que los que hay vayan desapareciendo. Porque, reconoce Pedro, hay gente a la que no le gusta la tuna, aunque afirma que allá donde va encuentran "un 99 por ciento de cariño y un uno por ciento de haters". Porque los tunos, la música, son alegría.
En su estancia en Gijón podremos verles sobre todo por el centro, aunque como son "desorganizados y poco previsores" podríamos cruzarnos con ellos en cualquier sitio. Van a ser dos días de fiesta, pero también de solidaridad. El sábado actuarán en el teatro Jovellanos en favor de la Fundación DAF, que trabaja desde 2004 para mejorar diversos aspectos de la vida de las personas de los países en desarrollo.
