Granada acumula en su historia numerosos proyectos anunciados como grandes impulsores del desarrollo de la provincia que, pese a generar una enorme expectación, nunca llegaron a materializarse. Algunos alcanzaron incluso carácter oficial al publicarse en el Boletín Oficial del Estado, mientras que otros ocuparon durante días las portadas de los periódicos antes de desaparecer sin dejar rastro.
Uno de los casos más llamativos tuvo lugar en el otoño de 1988, cuando se anunció la construcción de una segunda estación de esquí en Sierra Nevada, ubicada en el término municipal de Dúrcal. La iniciativa contemplaba una importante inversión de capital italiano y prometía unas instalaciones más modernas que las existentes entonces en Pradollano, cuando aún no se había concedido a Granada la organización del Campeonato del Mundo de Esquí.
Desde el primer momento, el proyecto despertó recelos. La iniciativa estuvo rodeada de dudas sobre la procedencia del capital con el que iba a financiarse, se rumoreaba una posible relación con la camorra napolitana. A ello se sumaba el debate sobre la viabilidad de una estación situada a menor altitud que Pradollano, en un momento en el que ya se observaba que la nieve aparecía cada vez a cotas más elevadas y que la superficie nevada iba reduciéndose progresivamente.
El proyecto nunca pasó de la fase de anuncio y terminó convirtiéndose en uno de los muchos planes que, pese a la repercusión alcanzada en su momento, nunca llegaron a hacerse realidad.
Años antes, otro de los grandes proyectos vinculados a Sierra Nevada también había quedado en el camino. En diciembre de 1951, el Boletín Oficial del Estado publicó la aprobación de un teleférico que partiría desde la estación de San Juan, una de las paradas del antiguo tranvía de Sierra Nevada, con destino a Motril. El Ministerio de Obras Públicas ordenó entonces al Ministerio de Hacienda habilitar una partida de 17,5 millones de pesetas para su construcción, lo que otorgó al proyecto un evidente carácter oficial.
Sin embargo, tras aquel anuncio apenas volvieron a conocerse novedades sobre la infraestructura. Ocho años después, durante una visita a Granada del entonces ministro de Obras Públicas, Juan Vigón, al ser preguntado por el teleférico respondió que el proyecto le sonaba "a música celestial". La afirmación contrastaba con la del ingeniero responsable de su diseño, quien seguía sosteniendo que la iniciativa era una realidad y que, tras una primera fase, se abordaría una segunda.
Estos dos ejemplos reflejan cómo algunos de los proyectos llamados a transformar la provincia llegaron incluso a contar con respaldo administrativo o una amplia difusión pública, pero terminaron formando parte de la larga lista de iniciativas que nunca pasaron del papel.
