"Nuestra propuesta de valor es democratizar el acceso a la cultura del patrimonio mediante tecnologías accesibles", ha señalado Cucharero, explicando que las maquetas incluyen receptores hápticos en zonas de interés que proporcionan información precisa cuando el usuario las toca. El sistema incorpora múltiples funcionalidades como iluminación LED programable con fibra óptica para personas con baja visión, lengua de signos para personas sordas, versiones infantiles, menús adaptados para personas con movilidad reducida y pictogramas en pantalla táctil para necesidades cognitivas.
Según Cucharero, uno de los puntos fuertes del proyecto es que "desde una única pieza o un mismo objeto, todo el mundo puede acceder a la cultura", evitando así la fragmentación de soluciones como audioguías, códigos QR o intérpretes de lengua de signos que no siempre están disponibles. Las maquetas funcionan como ordenadores conectados mediante Internet de las Cosas, lo que permite actualizarlas a distancia e implementar nuevos idiomas o versiones. La empresa trabaja actualmente en incorporar inteligencia artificial para que reconozcan automáticamente las necesidades especiales de cada usuario.
Respecto a los desafíos de operar desde Granada, Cucharero ha destacado ventajas económicas y facilidades para encontrar instalaciones adecuadas, aunque señala dificultades para darse a conocer fuera y para la captación de talento, si bien esto último está cambiando debido al alto coste de vida en grandes ciudades.
