La madre del niño de cuatro años que murió el pasado 3 de diciembre en Garrucha ha declarado ante la jueza que, cuando ella llegó a la vivienda, el pequeño ya no tenía vida. Según su testimonio, no presenció ningún tipo de agresión por parte del hombre con el que convivía, quien en ese momento estaba al cuidado del menor.
La magistrada del juzgado de Vera ha decidido mantener en prisión provisional, sin posibilidad de fianza, tanto a la mujer como al otro investigado. La madre prestó declaración por primera vez este miércoles, tras ser trasladada desde la cárcel debido a su avanzado embarazo.
Durante su comparecencia, explicó que ese día el niño no fue al colegio porque se encontraba mal del estómago. Ella se marchó a trabajar y regresó alrededor de la una del mediodía con la intención de atenderlo. Al llegar, lo vio tumbado en la cama y pensó que estaba dormido. Según contó, su pareja le dijo que no lo despertara.
Más tarde, al intentar comprobar cómo estaba, se dio cuenta de que el niño no respondía ni respiraba. Aseguró que el hombre intentó reanimarlo, aunque también le insistía en que solo estaba dormido. Cuando ella quiso llamar a emergencias, afirma que él se lo impidió, quitándole el teléfono y amenazándola con un cuchillo.
La mujer también relató que fue obligada a salir de la casa con el menor, ya sin vida, y caminar hacia la playa bajo coacción. Durante ese trayecto, el hombre habría mantenido el control de su móvil y la habría forzado a enviar un mensaje diciendo que el niño había desaparecido. Según su versión, él también se deshizo de un cuchillo en un contenedor y le pidió que borrara conversaciones.
En un momento dado, el hombre la dejó sola en la playa con el cuerpo del niño y le indicó que no se moviera. Ella entró en un búnker cercano, donde más tarde se encontró el cadáver. Asegura que allí perdió el conocimiento por problemas de salud y que, al recuperarse horas después, acudió a la Guardia Civil.
Durante su declaración, la madre negó haber maltratado al menor y dijo que apenas había visto a su pareja agredirlo, aunque reconoció un episodio aislado y explicó que él solía encargarse de su cuidado diario. También afirmó que había sufrido amenazas y que se había visto obligada a convivir con él pese a existir una orden de alejamiento previa por malos tratos.
Sin embargo, la investigación apunta a que el niño presentaba lesiones anteriores compatibles con agresiones sufridas semanas antes de su muerte. El informe forense concluye que falleció a causa de un fuerte golpe en el abdomen que provocó un grave sangrado interno.
Por último, la mujer rechazó que el menor hubiera sido sometido a rituales o prácticas extrañas, como sostiene la defensa del otro acusado. Aunque insistió en que ella nunca le hizo daño, sí afirmó que el niño tenía miedo de su pareja.

