"Hoy vengo a romper los esquemas", nos advierte nuestra compañera Marina Pons en Dinastía femenina, la sección que pone el foco en la mujer en el deporte y que contamos cada fin de semana en Radioestadio. "Durante años se había dicho que las mujeres debían entrenar diferente" por esa falsa debilidad o fragilidad que se ha asociado durante años al sexo femenino. Un razonamiento que ha perdurado con el paso del tiempo y que defendía que hombres y mujeres tenían que entrenar de distinta forma por motivos biológicos.
Esto no es así, pues el problema no ha estado nunca en el cuerpo, sino en los recursos que han acompañado a la preparación deportiva de la mujer: poco presupuesto, falsas creencias y mala planificación. "Tiene más que ver con aspectos socioeconómicos, algo más relacionado con la infrafinanciación del deporte femenino", asegura en Radioestadio el profesor de biomecánica Carlos Balsalobre. "Los recursos y profesionales alrededor de las mujeres son muchísimo más precarios".
Esta falta de inversión tiene consecuencias claras. Menos dinero implica "peores instalaciones, menos preparadores específicos y menos conocimientos", entre otros. El resultado es una comparación desigual desde el inicio: "No partes del mismo sitio".
No es porque seamos más frágiles, sino que estamos peor preparadas por falta de financiación
La evidencia científica, además, desmonta otro de los grandes mitos: cuando hombres y mujeres entrenan en igualdad de condiciones, los resultados son equivalentes en términos relativos. "Un mismo entrenamiento bien diseñado genera el mismo rendimiento de mejora en hombres y en mujeres", explica nuestra compañera Marina. Es decir, la diferencia no está en la capacidad de mejora, sino en el punto de partida.
Incluso en aspectos tradicionalmente cuestionados, como la recuperación tras el entrenamiento de fuerza, los estudios empiezan a cambiar la narrativa. "No está tan claro que las mujeres se recuperen peor. De hecho, hay estudios que apuntan a que pueden recuperarse igual o mejor en algunos contextos". El problema, por tanto, no es biológico, sino estructural. "No es porque seamos más frágiles, sino que estamos peor preparadas desde un inicio por esa falta de financiación".
