Hablemos del casco prohibido. El casco prohibido por el Comité Olímpico que ha dejado fuera de los Juegos de Invierno a Vladyslav Heraskevych, un ucraniano que compite en Skeleton. Es una modalidad de carrera de trineos con un casco especial y muy vistoso porque el deportista baja boca abajo, con su barbilla cerca del suelo.
Heraskevych quería que en su descenso olímpico se viera su casco personalizado. Lo tuneó con las caras de atletas ucranianos muertos. Era su homenaje a los deportistas que nunca volverán a competir porque han muerto en la invasión rusa. Como Alina, una levantadora de pesas de 14 años; Oleksiy, jugador de hockey, de 23; Daria, bailarina de 20 años y Pavlo, boxeador de 33. En el casco le cabían solo una veintena de caras, pero son más de 600 los deportistas muertos por bombas y balas rusas entre las decenas de miles de víctimas en Ucrania desde 2022.
Heraskevych quería homenajearlos pero el COI le avisó de que estaba prohibido hacer cualquier tipo de exhibición política. Pero el ucraniano no hizo declaraciones sobre Rusia. Se centró en expresar el deseo de honrar a sus compañeros muertos. Y cuando llegó con el casco, lo descalificaron.
Sin embargo, en los Juegos de Pekín, hace 4 años, Heraskevych ya mostró un cartel de 'No a la guerra de Ucrania' y no hubo problemas. El COI lo consideró entonces un mensaje de paz. Eran otros tiempos. El COI dice que no quiere política. Pero hace unos días un snowboarder italiano llevó la bandera rusa en su casco. Y en la ceremonia inaugural, por ejemplo, su compañero israelí de skeleton, lució una kipá conmemorativa en memoria de las 11 víctimas de la masacre de Múnich. ¿Qué es política y, sobre todo, qué no lo es?
Por cierto, que la semana pasada el COI y la FIFA, empezaron a hablar ya de reincorporar a Rusia a las competiciones deportivas. Ente tanto, las bombas siguen cayendo en Kiev. Y gracias al casco prohibido lo estamos recordando.
¿Moraleja?
El ucraniano sacrifica la medalla
pero, por dignidad, no se calla

