Sesenta años después de 1966, Inglaterra sigue persiguiendo una estrella que pesa más cada verano. Entre generaciones perdidas, penaltis al limbo y la melancolía disfrazada de aliento del "It’s Coming Home", los Three Lions llegan otra vez al torneo con una mezcla conocida: talento descomunal y memoria insoportable.
Desde que en 1996 Skinner y Baddiel, que no eran cantantes sino cómicos, popularizaran la canción "It’s Coming Home" como el himno para la Eurocopa de casa, la frase se ha convertido tanto en un emblema como en una condena para Inglaterra. Nunca fue concebida como triunfalista, sino todo lo contrario: "Thirty years of hurt", decían recordando su única victoria en un Mundial, el de 1966. Pues bien, ahora ya son sixty. Sesenta años de dolor buscando una estrella.
Generaciones marcadas por el fracaso
Desde la victoria en el Mundial de casa, en 1966, Inglaterra ha tenido hasta cinco generaciones destacadas que no lograron revalidar el título por diferentes razones. Grandes futbolistas que nunca consiguieron dar lo mejor de sí mismos en el momento clave, alimentando una especie de bola de nieve emocional que cada vez pesa más en los hombros de los jugadores.
Varios psicólogos deportivos han alertado de que este relato no se vive como un estímulo, sino como una carga. La canción no actúa como aliento, sino como recordatorio constante de los fracasos y una sensación de inevitabilidad. Incluso se ha estudiado el tiempo que tardan las selecciones en lanzar penaltis, concluyendo que Inglaterra suele ejecutarlos más rápido que sus rivales, algo que se relaciona con la ansiedad y el peso de la historia.
De héroes a decepciones
La generación de Moore, Charlton o Hurst no pudo revalidar el título en México 70, condicionada por factores como la enfermedad del portero Banks o decisiones técnicas discutidas. Años después, los Shilton y Lineker se toparon con la célebre "mano de Dios", mientras que el equipo de Gascoigne cayó en Italia 90 desde el punto de penalti.
En la Eurocopa de 1996, en casa, Inglaterra volvió a quedarse a las puertas por otro penalti fallado, en este caso por Gareth Southgate. Y en 1998, fue la autoexpulsión de Beckham, nuevamente ante Argentina, la que marcó el destino del equipo.
La generación de oro que no fue
Uno de los episodios más dolorosos llegó con la llamada "Golden Generation", la de Gerrard, Lampard, Ferdinand o Rooney. Con talento de sobra para dominar una época, el equipo naufragó por problemas internos. La rivalidad entre clubes impidió construir un bloque sólido.
Los propios protagonistas lo han reconocido años después. Rio Ferdinand llegó a contar que dejó de hablar de un día para otro con Frank Lampard, su amigo de las categorías inferiores, tras fichar por clubes rivales. Sin conflictos directos, simplemente dejaron de relacionarse. Así, la generación de oro acabó convertida en chatarra.
Un nuevo intento para romper la maldición
El fracaso en la Eurocopa de Francia 2016 marcó un punto de inflexión. La transformación de la Premier League y la mejora de las canteras han generado una nueva hornada de talento con jugadores como Foden o Palmer, impensables años atrás.
Southgate logró elevar el nivel competitivo del equipo, pero no consiguió romper el techo en los momentos decisivos. Ahora, la Federación ha vuelto a apostar por un técnico extranjero con perfil ganador, Thomas Tuchel, con un único objetivo: "traer la estrella a casa".


