Humean los votos andaluces y los goles del penúltimo sorbo liguero. Se atragantaron los del Mallorca, los del Girona, los de Osasuna y tendrán que volver a beberse las opciones en el fin de fiesta del sábado que viene junto con los del Elche y el Levante que tienen que culminar si finalmente son 'indultat', o les pasa como a tu ninot. Los paladares más entregados siguen jurando ante la guía Marca… que salvarse da más "gustirrinín" que un título.
Nos topamos con más lágrimas que tantos, y de las sinceras. Para un buen manojo de mitos que se apagan o que abandonan nuestro campeonato en busca de nuevos horizontes. El adiós de Griezmann de la casa rojiblanca deja poso de amor eterno salvo para los recalcitrantes de un fondo donde la masa encefálica no abunda. Pidió perdón por su cameo en Can Barça, y quiso rematar su despedida de una forma especial: dando las gracias a papás, mamás, tíos y tías por acercar a los peques a ese epicentro que es el estadio donde ocurren cosas bonitas.
Misma desazón del alma para la salida de Lewandowski en Barcelona, otro que deja un buen legado de chirlos y al que el DNI ya no le quiere dar tregua. Recio y sobrio el hasta luego de un señor como Valverde en Bilbao. Y descarnado como ninguno el punto final de Óscar Trejo en Vallecas. Porque se le reconoció que no solo sintió la piel de la camiseta del Rayo, sino que además se mimetizó con el barrio, con su gente, mojándose por los más necesitados, por sus miserias, por sus luchas, poniendo lo fácil (que es el dinero) y lo difícil, que es la cara, la voz y la reivindicación.
Como pasa cada vez que un curso termina, aprobados, suspensos, repetidores. Menos los birretes y las graduaciones (que son las nuevas comuniones), de todo. Aquí si hay perdedores. Sin paños calientes.

