Debato en mi interior si ser magnánimo y condescendiente o si darle dimensión a lo del barriobajerismo en el vestuario del Madrid. De un lado, sé que no es inhabitual que se den piques y bravuconadas en los entrenamientos, y de otro, creo que traduce bien la reyerta el estado de salud de esa plantilla.
Lo mejor es aterrizar hechos y contextos. Hubo un conato el miércoles y un encontronazo con cierta violencia ayer. Valverde y Tchouaméni elevaron sus exigencias, sus rencillas y el primero acabó recibiendo una mayor dosis de temperamento con visita hospitalaria incluida. Es más, hasta el director general de la entidad fue obligado a trastocar su agenda para intentar apaciguar a los encendidos.
Divergencias hay en todos los centros de trabajo, pero lo de Valdebebas tiene una carga de peligrosidad que ni las riñas en la fábrica de catanas para ninjas. Jugadores empoderados, poco dados al sacrificio, a la empatía y a la reflexión. El endiosamiento suele quedar opacado por los éxitos, porque el fútbol suele ser generoso y repartir agraciados. Pero cuando solo hay fracaso en el menú del día, funcionan los señalamientos y las culpas escupidas.
Jugadores empoderados, poco dados al sacrificio, a la empatía y a la reflexión
Los 2 púgiles han sido expedientados antes de que el Madrid visite al Barça para evitar que le conquisten su liga 29 en la cara. Partidos de castigo, multas mastodónticas y ese escarnio de la grada que les marcará para siempre. Insisto, esto no es la primera vez que pasa, pero la cuestión es cómo se reacciona y cómo se cura la herida.
El entrenador de agosto fue desautorizado, al de mayo se le reprocha que no ha tenido mando ni plaza. Este club legendario necesita un serio reseteo. Profundo. Creíble. Incluso ayer hubo madridistas a los que lo que más les cabreó… fue la salida de Mbappé de la Ciudad Deportiva descojonado al volante de su carrazo.

