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Ricky Rubio explota todas sus virtudes en una noche para enmarcar

Ricky Rubio, el genio del baloncesto maravilloso

Ricky Rubio representa el "Carpe Diem" del baloncesto. Vive el partido como si no hubiera un mañana, disfruta de cada segundo que tiene el balón en sus manos, cuando levanta la cabeza en busca de un compañero al que asistir, cuando captura un rebote y, cual relámpago, se dirige al aro contrario pensando qué maravilla ejecutar, si acaso no lo supiera en el mismo instante en el que bota el balón por primera vez. Anoche consiguió su primer triple doble aunque el logro no sea sólo numérico.

David Camps | @campsextohombre  | Madrid | 13/03/2013

Ricky Rubio sonríe

Ricky Rubio sonríe / agencias

Ricky Rubio es un jugador diferente. Dirás que no te cuento nada nuevo, y no te quitaré la razón. La cuestión es conocer los motivos que le llevan a ser distinto a muchos que le rodean, no sólo en su equipo sino en el baloncesto mundial. Hay tantos que tendré que seleccionar los más importantes o trascendentes. Muchos de ellos los ha potenciado durante la larga recuperación que ha llevado a cabo tras la lesión de rodilla, otros los tiene instalados en su particular ADN vital. Y ambos planos de su personalidad están conectados por un eslabón nunca perdido, siempre entrenado, como es el talento.

Ricky no entiende la vida sin una sonrisa. Quienes le conocen desde su más tierna infancia resaltan su permanente estado de felicidad y su contagiosa alegría. Quienes le conocemos desde una edad más avanzada, llámese pubertad o adolescencia, apenas le hemos conocido uno o dos gestos torcidos o contrariados (fue en el Mundial de Turquía, antesala de su salto a la NBA, y durante su lesión, momentos en el que el ambiente pudo con la genética).  Ese entusiasmo, felicidad, risa y entretenimiento tiene su ejemplificación en el siguiente vídeo. Lo que diga, está de más.

La felicidad nunca es completa, aunque se busque. Ricky Rubio quiere vivir en una permanente buena ventura pero, ya te lo he dicho, el ambiente vence a la genética en momentos puntuales. Ricky ha sufrido mucho en los últimos meses. No es sólo no poder hacer lo que más te gusta por culpa de una lesión, es la transitoria duda respecto a lo que te deparará el futuro. ¿Volveré a jugar al mismo nivel? ¿Podré seguir mejorando como jugador? ¿La rodilla me responderá? ¿Por qué ahora? Ejemplos de preguntas que Ricky Rubio se ha hecho a lo largo de nueve meses. Y nueve meses sin poder jugar al baloncesto dan para muchas preguntas en la cabeza de un jugador. Por suerte, también hay tiempo para encontrar muchas respuestas certeras y esperanzadoras.

Dudas razonables todas ellas, entendibles y lógicas. Dudas que conducen a la rabia, por momentos a la desesperación, pero también conductoras de un tranvía llamado deseo; el deseo de volver a las canchas, al baloncesto, al deporte que tanto ama. Y el único carril por el que ese tranvía puede transitar es el del sacrificio. Y necesito una extensión cercana a las 1.000 páginas para describir todo el sufrimiento, la abnegación, entrega y dedicación de Ricky Rubio en este tiempo. Un año de sacrificio, unido a todo el trabajo realizado desde la adolescencia, culminado en una noche de completa felicidad. 21 puntos, 13 rebotes y 12 asistencias para la victoria de Minnesota ante el mejor equipo del Oeste, San Antonio. Lo de menos son los números, lo importante es que esas cifras, asombrosas, sirven para resolver las dudas y contestar a todas sus preguntas.

 

 

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