La vivienda continúa siendo una de las principales preocupaciones en España. Según el último barómetro del CIS, el acceso a una vivienda digna sigue lejos del alcance de muchos ciudadanos, a pesar de lo recogido en el artículo 47 de la Constitución. Cuatro de cada diez hogares dedican más del 40% de sus ingresos al alquiler, según el Banco de España, muy por encima del límite recomendado del 30%.
Frente a este panorama, el experto Javier Burón ha señalado que “no suelo utilizar el verbo construir, sino el verbo obtener”, subrayando que la solución no pasa únicamente por levantar nuevos edificios, sino por “movilizar vivienda vacía”, “rehabilitar” y generar una “infraestructura de asequibilidad”.
Una de las respuestas recientes ha sido el PERTE de vivienda industrializada, dotado con 1.300 millones de euros. Aun así, Burón ha advertido que esta modalidad aún no reduce significativamente los costes debido a la escasa masa crítica y que “la ley de contratos del sector público lo dificulta o prácticamente lo prohíbe”.
Ejemplos reales empiezan a aflorar. Mili, residente en Valdemorillo, vive con su pareja en una vivienda cápsula de 40 m². “La casa es supermoderna, tiene muchas facilidades y nos gusta mucho”, ha afirmado. El arquitecto David Juárez ha defendido las viviendas hechas con contenedores reciclados, como las del proyecto APROP en Barcelona, que “pueden construirse en apenas tres meses y medio” y ofrecen una alternativa sostenible.
Por su parte, Iñaki Alonso, fundador de Entrepatios, ha resaltado la importancia del modelo cooperativo en derecho de uso: “Se salen de la especulación inmobiliaria. Funciona como una vivienda de protección permanente”.
En un contexto donde el ladrillo y la propiedad privada siguen marcando la cultura residencial, los promotores de estas iniciativas han coincidido en que es necesario un cambio de mentalidad. Como ha resumido Juárez, “los jóvenes ya empiezan a darse cuenta de que construir como en el siglo XX es insostenible”.
