OPINIÓN

VÍDEO del monólogo de Carlos Alsina en Más de uno 08/03/2019

Un año después, vamos a ver cómo se da la segunda entrega de la huelga feminista. Ya sin la novedad de 2018, con menos implicación de los medios de comunicación como altavoces y, a la vez, actores, y con este elemento añadido que supone que estemos en campaña de unas triples elecciones.

Carlos Alsina | @carlos__alsina

Madrid | 08.03.2019 08:22

Segundo año de huelga feminista. Convoca la comisión ocho de marzo. Si el día sale parecido al del año pasado, la huelga como tal (el objetivo aquel de parar el país) no se conseguirá; los paros parciales de dos horas en muchos centros de trabajo sí tendrán un seguimiento apreciable; y las manifestaciones de la tarde serán muy multitudinarias. Tuvieron más eco y más impacto, el año pasado, las manifestaciones de Barcelona y Madrid que la huelga como tal.

La brecha salarial y el reparto equitativo de tareas domésticas son las dos reivindicaciones que de forma abrumadora comparten las mujeres españolas, como reflejan las encuestas. Y también los hombres, aunque luego ellos admiten que en casa el peso lo siguen llevando ellas. ¿Y usted, qué? ¿Cómo ve este Día de la Mujer?

Si es viernes, entonces el gobierno celebra sus famosos viernes comerciales. Cuando el hombre-anuncio, Pedro Sánchez, finge que reúne a sus ministros para gobernar el país pero, en realidad, les pone a ordenar el escaparate. No es fácil aparentar cada semana que la tienda tiene nuevos productos que ofrecer a la clientela votante. Sobre todo si los productos están siempre a medio hacer porque para funcionar adecuadamente requieren de que les de el visto bueno una cosa llamada Congreso de los Diputados, ese lugar que Sánchez prometió convertir en el centro de la actividad política y al que ahora intenta ningunear convirtiendo su labor en un sí, bwana; lo que usted mande, presidente; envíe otro decreto ley y se lo envolvemos para regalo.

Los viernes comerciales que se ha montado el gobierno consisten en aprobar cosas que tengan buena venta aunque sufran de obsolescencia programada. O sea, que en cuanto lleguen a la Diputación Permanente del Congreso caduquen. La Moncloa como publireportaje y Carmen Calvo como jefa de márketing. Los viernes de campaña, viernes de persuasión, viernes de propaganda.

De la campaña en la que ya estamos, dos episodios que afectan al PSOE. Uno, el aterrizaje de ministros en las candidaturas electorales andaluzas. Ya he hecho saber Ábalos que esto no se discute y que no cuela la maniobra de Susana Díaz para que parezca que son los militantes los que quieren esconder ministros en puestos poco relevantes.

O sea, que los ministros van donde Ferraz diga que tienen que ir. Y segundo episodio, esto de ayer: el día que fue imposible distinguir a José Luis Ábalos de Isabel Díaz Ayuso. El ministro del PSOE y la candidata del PP. Diciendo lo mismo sobre los fichajes que hace Ciudadanos.

La señora Díaz Ayuso dijo esto el martes en este programa.

Y el señor Ábalos, decepcionado porque la diputada de su grupo Soraya Rodríguez se ha dado de baja en el PSOE, dijo esto.

Bien sabe Ábalos que el transfuguismo no es darse de baja en un partido. Ni siquiera darse de baja para irse a otro, que es algo que Soraya Rodríguez no consta que haya hecho. Igual lo acaba haciendo, pero todavía no ha sido. Transfuguismo es cambiar de camiseta sin soltar el escaño. ¿Sabe Ábalos quien se lo puede explicar? Esta señora inteligente que era mano derecha de Rosa Díez en UPyD y a la que Sánchez fichó para la lista del PSOE hace cinco años. Exacto, Irene Lozano. Le preguntaron cuando se anunció su desembarco en una lista socialista si era tránsfuga.

Tampoco consta que cuando Ábalos se cruza con Irene Lozano, hoy secretaria de Estado y escritora de Sánchez, le ponga mala cara y le diga: tránsfuga, más que tránsfuga.

En Esquerra Republicana han encontrado la solución a las disputas internas para hacerse con el primer puesto de las listas electorales. Que tomen nota los demás partidos. La solución es presentar a todas las elecciones al mismo.

La señora Vilalta anunció anoche que presentarán a Junqueras a las elecciones generales además de a las europeas. Cabe pensar que, aplicando esta misma doctrina, será también candidato a la alcaldía de su pueblo. Total, el problema lo tendría en caso de ser elegido para todos los puestos. No hay Junqueras suficientes para ocupar tantos escaños, señora. Menos aún si, para entonces, como se teme él y como empieza a temerse mucha más gente a la vista de la actuación de su abogado, está condenado por rebelión, o por sedición, o por conspiración.

El hombre que proclamó, con Puigdemont a su vera, la Nueva República Independiente Catalana, encabezará la lista de las elecciones españolas. Al Congreso. Donde está representada, como él sabe, la soberanía nacional que él intentó tumbar hace año y medio.

En el juicio en el que se le juzga a él y a otras once personas, nueve de ellos por presunta rebelión, se escuchó ayer un testimonio que no le ayuda. Un mando policial. No de la policía nacional ni de la Guardia Civil. Comisario de información de los Mossos d'Esquadra en otoño de 2017. La policía autonómica estaba al tanto de que diversos grupos se organizaban para ocupar los locales públicos e impedir que el referéndum se abortara. Sabiendo lo que había ocurrido el 20 de septiembre, la policía autonómica veía venir que el primero de octubre podía haber violencia. Y Trapero se lo fue a contar a Puigdemont el 26 de septiembre.

Había grave preocupación por una escalada de violencia pero el gobierno catalán decidió seguir adelante. Cinco días antes del referéndum. Seis días después del cerco a la consejería de Economía.

Era la segunda vez que lo intentábamos con él. Les recuerdo una vez más cuál fue la base del procesamiento por rebelión que hizo el juez Llarena: los promotores del referéndum, Puigdemont, Junqueras, algunos consejeros, Forcadell, los Jordis, sabiendo lo que había sucedido el 20 de septiembre y estando avisados de que podía generarse violencia si el referéndum se mantenía, perseveraron en su plan para intentar consumar el objetivo último, que era el derribo de la Constitución. Este testimonio del comisario de los mossos respalda esa tesis y le hace un roto a los abogados defensores. Aparte de echar por tierra esa beatífica imagen del gobierno catalán dialogante que siempre estuvo abierto a negociar una salida con el gobierno español. Había que hacer el referéndum al coste que fuera. Y si había violencia, que la hubiera.