Los teoría de la economía es clara. Cuando los precios del petróleo y el gas se disparan, la inflación sube y el empleo cae. Sin embargo, España está protagonizando en las últimas semanas una anomalía al respecto.
En marzo, la inflación repuntó un punto, hasta situarse en el 3%, tal y como cabría esperar en un contexto de crisis energética. Pero al mismo tiempo, la economía española generó 80.000 nuevos empleos, la mejor cifra mensual registrada en los últimos tres años.
El consumo, una de las claves
Aún no hay datos suficientes para explicarlo con certeza, pero es llamativo el dato del consumo de las familias españolas que sigue creciendo con fuerza. La recaudación por IVA aumentó un 10% tanto en enero como en febrero, una señal de que los hogares siguen gastando pese a la presión de los precios. En marzo, además es esperable que la Semana Santa haya dado un impulso adicional a ese gasto, especialmente en hostelería, turismo y comercio.
Es ese dinamismo del consumo interno el que estaría sosteniendo la actividad económica y, con ella, la creación de empleo, incluso en un entorno de incertidumbre energética.
Mientras el empleo en la mayoría de los países europeos y en Estados Unidos se ha frenado, en España no para de crecer. Eso no significa que todo esté resuelto.
La cantidad de empleo creado es un dato positivo, pero el debate pendiente en España es otro: la calidad de ese empleo y el nivel de los salarios. Crear puestos de trabajo es necesario; crear puestos de trabajo bien remunerados y estables es lo que transforma una economía.
España acumula varios años de crisis consecutivas y eso ha dejado una baja autoestima económica, una percepción de fragilidad que no siempre se corresponde con lo que muestran los datos.
