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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "Puede ser que el fin de año nos regale la circunstancia de ver a Torra llamando a la puerta del Supremo para que le socorra"

Ay, el humor. Qué difícil es el humor. Cuánto daño ha hecho El Club de la Comedia a la política española, Emilio Aragón, que lo sepas.

Carlos Alsina
  Madrid | 18/11/2019

El aprendiz de comediante Joaquim Torra i Pla, que de momento se gana la vida como presidente de la Generalitat de Cataluña, ensayó ayer, ante sus fans (que cada vez son menos), su nuevo espectáculo de humor en la víspera de ser juzgado en un tribunal como presunto delincuente.

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El otro día salió en este programa, no me pregunte usted por qué, aquella película mítica de Bud Spencer, ‘También los ángeles comen judías’. Pues también Torra come judías. Con butifarra, naturalmente.

Si esta es su forma de decir que, con perdón, se tira un pedo en el tribunal, no parece que sea una estrategia inteligente para ganarse el favor de los magistrados.

Hoy, como igual saben, es el día en que veremos a un presidente de la Generalitat en ejercicio sentarse en un banquillo para ser juzgado. Hasta ahora teníamos uno que fue juzgado cuando ya no era presidente, Artur Mas, y uno que no ha habido aún manera de juzgar porque se fugó a Bruselas dejando tirados a sus subordinados, Carles ahí os quedáis Puigdemont. Al primero lo condenaron por desobediencia, al segundo lo habrían condenado por sedición, al tercero está por ver si lo condenan no por comer butifarra sino por hacerla. Por hacerle la butifarra, que es como hacer la peineta, a la Junta Electoral.

Érase un president que gobernaba sólo para los catalanes independentistas y llenaba los balcones y las fachadas de los edificios oficiales de símbolos propios de su causa: los lazos amarillos (que significan que el Estado encarcela personas por su ideología) y pancartas que lo dicen expresamente (los llaman presos políticos). Érase una Junta Electoral que tuvo a bien ordenar en abril a este señor que limpiara de propaganda los edificios que son de todos. Él dijo que verdes las han segado –-el buti torra-, la Junta le dio un ultimátum y Torra se jactó de ignorarlo. Se exhibió en el incumplimiento porque para él mantener los lazos era como doctorarse en desobediencia civil. Ya se veía a sí mismo como Rosa Parks, como Gandhi, como Lluis Llach clavándole al Estado español una estaca. Lo que pasa es que la fiscalía tomó nota de que el presunto se exhibía en su delito y procedió contra él clavándole no una estaca sino una denuncia. Que el juez de instrucción, después de interrogar al presunto, vio plenamente justificada. Como para no verla, si es sospechoso que se recrea en la confirmación de todas las sospechas.

Él mismo lo dijio ayer, entre judía y judía: no va al tribunal a defenderse sino a acusar.

A Torra hay que reconocerle que en lugar de plagiar a otros, se plagia a sí mismo. Su frase de ayer, en la víspera de que comience el juicio, es la misma que dijo en mayo antes de declarar en la fase de instrucción.

En mayo acusó, en lugar de defenderse, y el juez consideró que eran sólidos los indicios de delito. Ahora vuelve a acusar en lugar de defenderse y es posible que se anote un nuevo éxito en forma de condena.

Todo será que el fin de año nos regale la insólita circunstancia de ver a Joaquim Torra llamando a la puerta del Tribunal Supremo para que le socorra. El caso es lo bastante simple para que la sentencia esté lista antes de fin de año. Pero una vez emitida caben recursos. De manera que no sería raro que un presidente de la Generalitat condenado por desobediencia a la Junta Electoral acudiera en auxilio al Tribunal Supremo (de quien él mismo ha echado pestes durante dos años y contra el que intenta movilizar a la sociedad catalana) para que deshaga la condena. Y en todo caso podría pasar un año antes de que la inhabilitación se consumara. Para entonces ya estaría habilitado de nuevo Artur Mas y la lucha por el poder en casa convergencia sería para nota: el rey Artur contra el fantasma de Waterloo. Próximamente en sus pantallas.

Entre el 2001 y el 2010 la Junta de Andalucía destinó 680 millones de euros a pagar prejubilaciones de empresas sin respetar los criterios establecidos para el buen uso de las ayudas públicas. El Tribunal Superior de Justicia establecerá mañana si el procedimiento colador que permitió que el dinero se repartiera entre afines, amigos y enchufados, fue diseñado con esa intención –-malversar— y si los cargos políticos que aprobaron el procedimiento son responsables del mal uso que se le acabó dando. La sospecha de que se empleó ese dinero para engrasar la red clientelar con la coartada de la financiación de expedientes de empleo.

En el núcleo de aquella máquina de repartir dinero a capricho estuvo la dirección general de Trabajo, su responsable Francisco Javier Guerrero. Señalado en su día por el PSOE como uno de los golfos que manejaron el dinero como les dio la gana. Por encima de él, los consejeros de Empleo, de Economía y de Hacienda. Y arriba de todo, el presidente de la Junta. ¿Fueron todos responsables, sólo algunos o no lo fue ninguno? Mañana sabremos. Conocerán su sentencia los tres hombres que más poder han tenido en la administración autonómica andaluza: Chaves, Griñán y Gaspar Zarrías. El segundo de ellos fue consejero de Economía (antes de heredar a Chaves en la presidencia de la Junta) y eso marca la diferencia: a él le pide la fiscalía seis años de prisión por malversación. A Chaves y Zarrías, sólo la inhabilitación para diez años. Ni Chaves ni Griñán tienen la menor intención de regresar a la actividad política. Ni intención ni ganas, después de haber sido desahuciados por el susanismo cuando Rivera exigió cabezas para investirla presidenta.

Todo lo que hoy se sabe de la sentencia es que tiene mil folios que al tribunal le ha llevado diez meses redactarla. Y que estaba lista ya a finales de octubre pero se retrasó su difusión alegando razones técnicas no especificadas. Es decir, para sortear la convocatoria electoral. Hay quien dice que esto último es una pista de por dónde irá la sentencia. Mejor no arriesgar pronósticos que de patinadores están las tertulias llenas.

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