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EL MONÓLOGO DE ALSINA

A los periodistas nos gusta sacarle punta a todo

Les voy a decir una cosa.

Somos así. No lo vamos a negar, somos así. Nos gusta a los periodistas sacarle punta a todo.

Carlos Alsina | Madrid | Actualizado el 19/07/2018 a las 08:58 horas

Rajoy, Mas y el Príncipe Felipe en la inauguración del AVE a Girona

Rajoy, Mas y el Príncipe Felipe en la inauguración del AVE a Girona / EFE

Hoy la noticia tendría que haber sido que por fin circula un tren de alta velocidad que llega a Francia. Aunque sólo sea porque es un una obra que se decidió hacer hace veinticinco años y que ha tenido una historia en ocasiones convulsa. La primera estimación que se hizo para la conexión de alta velocidad con Francia decía que en 2004 podríamos ir desde Sevilla a París a toda máquina. No fue en 2004 y tampoco va a ser exactamente ahora (porque entre Perpignan y Montpellier aún se va despacio), pero al menos en 2013 podemos dar por terminado la línea noreste del AVE, cuya mayor relevancia es que llega a Francia.

Es interesante, por supuesto, para Girona, para la propia Figueres -como dice el gobierno, ahora ya todas las capitales catalanas tienen AVE- pero  lo principal es la conexión con la alta velocidad francesa, y el próximo paso, que no haya que cambiar de tren al llegar a Figueres, que esto está previsto para abril y con otra ceremonia inaugural a la que asistirán, además de los de hoy, os que quiera meter Hollande en la delegación francesa.

Ésta es, en fin, la noticia, que mañana ya circula el AVE a Girona-Figueres-Francia: si sales de Madrid a las seis de la mañana, a las diez te plantas en la frontera. Pero como somos así -no lo vamos a negar, somos así- entre todos hemos convertido en noticia que el viaje inaugural discurriera sin sobresaltos a bordo y y que tanto Rajoy como Artur Mas hayan sobrevivido al mismo, es decir, la noticia es que nadie salió despedido por una ventana, no hubo sangre.

Como si en lugar del viaje inaugural de un AVE esto hubiera sido el tren de la bruja. Duelo en OK Corral: en un extremo del vagón de preferente, el pausado Rajoy acariciando la cartuchera mientras se fuma un puro; en el otro extremo, el inquieto Artur Mas, sujetando el revólver con las dos manos mientras silva Els Segadors para meter miedo a su adversario.

Oiga, que no. Que una cosa es que se caigan mal -ni siquiera eso está claro-, y otra que hayan viajado los escoltas junto a las puertas para evitar que se produjera una desgracia. Ambos tienen ya mili suficiente para saber que, en la política española, las frases encendidas, el lenguaje amargo, las actitudes bravuconas y los ultimatums se dejan para los mítines o las ruedas de prensa, es decir, cuando el destinatario de la bravura y la amenaza no está de cuerpo presente ni en condiciones de responder nada. Ya responderá horas después, en cualquier acto, cuando los periodistas le pregunten por lo que el otro dijo y responda con la frase-titular que han fabricado sus estrategas.

Cuando los líderes-adversarios están cada uno en un lado, les salen unas frases rabiosas que todo lo inflaman. Pero cuando están juntos en el mismo sitio, se las callan. Optan por saludarse cortésmente, por hablar poco entre ellos para que se interprete que la relación es mala y por explicarle a todo el mundo que cada cosa tiene su sitio y que el viaje inaugural de un AVE no es lugar para hacer peleas de barro.

Artur Mas recibió hoy (sin sonreír) a Rajoy en la estación de Sants, protocolariamente, mientras de fondo se escuchaban gritos de catalanes que protestaban. ¿Protestaban porque no tienen derecho a decidir? No, protestaban porque reclaman menos AVEs y más trenes regionales. ¿No era por el referéndum entonces? No, no, también había personas que ponían a caer de un burro a los políticos, a la Corona y a todo lo que se movía, incluído el AVE. Del referéndum, el derecho a decidir y todo aquello hoy ninguno de los presentes ha dicho nada.

El Príncipe tampoco, que debía de sentirse el hombre, entre Rajoy y Mas, como el jefe de los cascos azules en misión de interposición en Bosnia. Eh, separénse, que corra el aire y dejen de mirarse raro. Los han sentado a los tres (bueno, a los cuatro, porque también estaba Ana Pastor) en cuatro asientos de esos que van encarados dos a dos, con una mesita en medio. A un lado, el Príncipe y Rajoy. Al otro, Artur Mas y la ministra. En medio, la mesa de trabajo. ¿Qué, echamos una cartas?, habrá estado a punto de decir don Felipe, para romper la tensión entre ambos bandos. Y el silencio, ese silencio tan incómodo.

Qué le costaba a Renfe haber invitado a El Consorcio para amenizar el viaje. El cha-ca-chá del tren. Se les habría hecho el viaje menos largo a todos. Sobre todo porque luego han empezado Mas y Rajoy con las indirectas en voz baja. Con recochineo. “Esta línea algún día será mía”, ha dicho Mas. “Esta línea siempre será española”, dice Rajoy.

-   Alguien va a tener que aceptar un referéndum.

-   Alguien me está tocando mucho las narices.

-   Alguien no se quiere enterar de lo que pasa.

-   Alguien se la pegó en las elecciones y aún no se ha enterado.

-   Alguien habla como si fuera Felipe V.

Que ahí es ya donde el Príncipe ha intervenido: Artur, Artur, que soy Borbón, la guerra de sucesión ni me la toques”. Total, que el viaje, siendo de alta velocidad, se les ha hecho eterno. Los astronautas estos que estuvieron 520 días encerrados simulando un viaje de ida y vuelta a Marte, se les hizo más llevadero que el Barcelona Figueres de esta mañana.

Luego, en los discursos, el Principe ha aplicado la plantilla para relacionar el hecho concreto de hoy -el tren que ya circula- con la reflexión general sobre la capacidad de España para superar las dificultades unida; Rajoy ha ido en esa misma línea al subrayar los logros que alcanzamos cuando unimos esfuerzos; y Artur Mas ha tirado también de su discurso permanente (contribuimos mucho al Estado y recibimos poco en infraestructuras) y ha seguido luego con las indirectas: Cataluña tiene vocación europea, lo que nos importa es la unidad de mercado europea, lo que necesitamos es una gran conexión con Europa. Europa, Europa, Europa.

La Europa de la que Mas sigue diciendo que cambiaría sus normas, caso de que Cataluña se independizara, para recibirla como nuevo socio sin proceso de adhesión ni nada. Y la Europa a la que acude su gobierno para decirle que obligue a Rajoy a dar más cuartelillo con el déficit a los gobiernos autonómicos. Ésta es la otra cosa curiosita que sucedió hoy: que el portavoz del gobierno catalán contó a los periodistas que mantiene contactos con gente de la comisión europea para que persuadan a Rajoy de que tiene que aflojar con el déficit. Y lo curioso es que el portavoz dijo que son contactos “discretos”.

Tan discretos, tan discretos, que él ha querido contarlos. Sin revelar, eso sí, quién ha hablado con quién y en qué términos. Y sin revelar, por supuesto, qué respuesta han dado esos dirigentes de la comisión europea a la petición del gobierno catalán. Con lo poco que le gusta a la comisión europea que la puenteen, cuesta creer que se haya mostrado receptiva a esta maniobra de un gobierno autonómico para puentear al gobierno central. Ha habido contactos, dijo el portavoz. Que debió haber añadido: ha habido contactos y no han servido, obviamente, para nada.