“¡Bendito sea el conde Draco!”, exclaman hoy en la Moncloa, y en Lisboa, y en Roma; ¡Dios le bendiga!, murmuran los banqueros, que siempre han sido poco dados a exclamar nada; ¡adorémosle!, dicen los directivos de empresa, confiados en que se abra, por fin, el esperado grifo del crédito. Ay, el crédito, cuántos años llevamos ya escuchando que el problema es que los bancos ya no dan crédito.
Cuántas veces hemos oído a Rajoy esa imagen biológica que le cautivó el día que se la contaron: todos los órganos de tu cuerpo pueden estar perfectamente pero si no circula la sangre, ay amigo, va a ser que mueres. Hoy el sistema circulatorio se llevó una alegría -y Rajoy también-: ¡sangre, sangre, que corra, que corra!
De pronto el antipático señor Draghi-lacayo-de-Alemania que despreciaba a los países del sur y hacía oídos sordos a la lata que le daban los gobiernos en apuros para que se lanzara a comprarles deuda pública (qué tipo más arrogante y qué poco enterado) pasa a ser el simpático señor Draghi-independiente-y-concienciado que le hace una peineta a la Merkel y nos pone el dinero más barato. Adorémosle. Cuando esta tarde se supo que el conde Draco nos bajaba los tipos hubo, con razón, quien no salía de su asombro, porque no ha pasado una semana desde que todos los medios informamos con cierto aire de derrota que la señora Merkel había dicho que no era nada partidaria de bajarlos.
Y, hasta ahora, aquí el pensamiento mayoritario dice que en Europa se hace siempre lo que dice Merkel, incluyendo, sí, al Banco Central, que tiene de independiente lo que Verstrynge de centrado. Entonces, ¿qué? ¿Se ha insubordinado el italiano a la alemana? ¿Habrá dado ya instrucciones la canciller para cortarle las alas? Si quieren, seguimos con la caricatura. Unas veces se gana y otras se pierde, oe, oe, oe, la revancha era esto, Ángela, os llevaréis la Champions pero nos han bajado los tipos, ole, ole. Simplificando, que es gerundio.
En realidad, no consta que Angela Merkel esté subiéndose hoy por las paredes. En realidad, lo que consta es que, cuando la semana pasada dijo aquello tan comentado de que no era partidaria de subir los tipos, la frase luego seguía. Con esta segunda parte que apenas fue destacada y que tenía que ver con lo que los expertos en hablar raro llaman “la fragmentación del mercado”, o traducido, que a unos países (y sus bancos y sus empresas) les sale tirado financiarse mientras a otros, del mismo club, nos sacan los higadillos por prestarnos. ¿Y qué decía la señora Merkel? Pues que a Alemania, obviamente, no le interesaba que se bajaran los tipos, peeero que a otros países sí que les interesa porque su problema es la falta de liquidez, de circulación de dinero para financiar a empresas y particulares. Y por eso decía la señora que el Banco Central estaba en una posición difícil, porque lo que beneficia a unos países perjudica a otros.
Merkel será muy firme y muy alemana, pero tiene mili suficiente a sus espaldas para saber, desde hace semanas, que la bajada de tipos era, como poco, altamente probable. De hecho, lo más sonado en los medios (porque es lo más corto) es la bajada de tipos, pero lo más esperado es lo que ha venido luego, lo que los analistas llaman “medidas adicionales”, y además de abaratar el dinero prestado, ¿qué más tenemos para reactivar la economía? Lo que tenemos es una frase de Draco: “vamos a iniciar consultas para que el mercado funcione, hay que corregir la fragmentación del mercado, estaremos atentos para estudiar nuevas medidas”.
Dices: bueno, no pasa de ser una frase, parole parole. Ah no, las frases del gobernador del Banco Central tienen efecto por sí mismas: una palabra tuya bastará para que baje la prima y suba la bolsa, ¿se acuerdan de julio del año pasado? Está por ver que una palabra de Draghi, unida a la baja de tipos, se entiende, baste para que salga huyendo la recesión y podamos dar la bienvenida a un nuevo tiempo de crecimiento. ¿Voy al banco mañana y ya me dan crédito? Buenos días, vengo de parte de Draghi, para que me financien. Va a ser que no, pero a medio plazo ésa es la idea. Dinero más barato igual a más facilidades para obtenerlo prestado.
Pero está aún por ver cómo de directo y de inmediato es el traslado de la bajada de tipos (préstamos a los bancos más baratos) a las empresas y los particulares (el crédito bancario). Y también está por ver qué otros efectos tiene, porque en toda medida que se toma están ahí los posibles efectos colaterales, las contraindicaciones. Con toda lógica seguramente se habrá preguntado usted hoy: y si bajar los tipos es tan bueno, tan simple y tan necesario, oiga, ¿por qué no lo han hecho antes? Si tengo en el botiquín un producto que me cura la anemia, ¿por qué no me lo he tomado? Casi todas las decisiones económicas son un cálculo de pros y contras, calculas los beneficios, estimas los posibles perjuicios y, poniendo ambos en la balanza, te decantas: tomo la medida o no la tomo.
El efecto temido de una bajada de tipos es la inflación: suben los precios y se pierde poder adquisitivo, lo cual es otro obstáculo al consumo y el crecimiento. Los gobernadores de bancos centrales siempre manejan estos dos conceptos en sus comparecencias: liquidez e inflación; a Draghi se le ha escuchado recordar muchas veces en estos años que la función que el Banco Central tiene encomendada por los países del euro es controlar la inflación, punto. Por eso cuando se le reclamaba, desde algunos países, bajada de tipos y él no lo veía pertinente el argumento era: riesgos inflacionarios; del mismo modo que cada vez que ha bajado tipos el argumento ha sido: no hay riesgo de inflación. Hoy lo repitió: “la inflación está contenida”, eso le permite (o le sirve para) anunciar más liquidez. Dado que los precios están a raya, podemos poner el foco en espolear la actividad, el crecimiento.
La pregunta que nos plantearemos esta noche es cuánto y cómo afectará esta decisión de hoy a la salud económica de nuestro país y al horizonte de quienes lo formamos. Pero también nos preguntaremos si estamos ante un cambio claro de aires en Europa. Si discretamente se va aguando la doctrina aquella del déficit cero -o la urgencia por aplicarla- y se va abriendo la mano a eso que se llama “los estímulos”, en una especie de revisión, o rectificación (no confesada como tal) de los planteamientos que estos tres últimos años han mandado en los países euro. Nos preguntaremos, en este día de la redención de Mario Draghi, santo súbito, si no es sólo en Concha Espina y en Can Barça donde se está terminando un ciclo.
