Preguntó el discípulo: "Maestro, ¿acaso no soy mejor que cualquiera otro de tus discípulos". Le respondió el maestro: "En inmodestia, hijo, desde luego". "Maestro, ¿es pecado el engreimiento?". "Pecado no sé, pero representa un gran peso". "Peso, ¿por qué?’" Y entonces el maestro, que no era de fabricar relatos, le hizo este microrrelato: "Había una vez un hombre tan dado a colgarse medallas a sí mismo, que a base de ponerse una tras otra el peso del metal le hizo perder el equilibrio y cayó de bruces contra el suelo rompiéndose la cara. Tantas personas habían intentado rompérsela y, al final, sin que nadie le empujara, se la rompió él solo".
Tienen poco valor las comparaciones cuando las hace uno en su propio provecho
Uno puede explicar su actuación, sus decisiones, sus declaraciones ciñéndose estrictamente a lo hecho y lo dicho. O puede caer en la tentación de compararse con lo que hicieron o dijeron otros sólo para proclamarse a sí mismo vencedor de la comparativa. O sea, puede perder el tiempo y debilitar su propia defensa elogiándose a sí mismo no tanto por lo que hace sino por lo mal que lo hacen sus adversarios. Tienen poco valor las comparaciones cuando las hace uno en su propio provecho. Y que otros hayan gestionado rematadamente mal no constituye prueba de que uno lo haya condenadamente bien.
El vicio del actual gobierno
Es vicio del actual gobierno, contagiados los ministros de su presidente, esto de andar todo el día presumiendo de hacerlo todo mejor que sus predecesores: más altos, más listos, más guapos que los gobiernos de Rajoy, y los gobiernos de Zapatero, y los gobiernos de Aznar, y los gobiernos de Felipe. Viven en la competición. Con su propia sombra.
Nada nuevo en la comparecencia de Puente
De la comparecencia del ministro Puente en el Senado no salió nada nuevo. Ni lo aportó él ni la oposición fue capaz de sacárselo. En resumen, el ministro admite algún patinazo menor en sus prolijas exposiciones de estos doce días -una fecha equivocada, una expresión ambigua, un dato incompleto-, reitera que aún no está en condiciones de exponer cuál fue la causa del descarrilamiento -no porque la demore o la oculte, sino porque la ignora-, sostiene que desde el primer momento Adif fue consciente de que eran dos los trenes implicados -de lo que era consciente, a la vista de lo que hoy sabemos, era de la gravedad de lo ocurrido en el Alvia, pensaban que sólo había sido un frenazo brusco con algunos lesionados-, y defiende que el mantenimiento de la vía, las inspecciones y las auscultaciones se hicieron todas conforme en los plazos establecidos y conforme a los protocolos.
Haría bien el ministro en admitir que igual que él puede patinar con una fecha, un dato o una expresión, también los diarios pueden patinar en un titular o el uso de una expresión sin que eso los condene a verse metidos en el saco, demasiado elástico, de la desinformación y los bulos. En ocasiones, veo bulos.
El que mucho habla, en efecto, se equivoca -qué me van a contar a mí- pero eso vale para los ministros y para los periodistas que hacen honradamente su trabajo.
Falta, aún, analizar raíles y soldadura para completar los elementos que conduzcan a una conclusión y a las posibles responsabilidades. Y si llegado ese punto la responsabilidad es suya, afirma Puente que la asumirá. Bien es verdad que será también él quien se juzgue a sí mismo y se puntúe.
Le pidieron la dimisión la mayoría de los grupos, poca sorpresa. El PP, fiel al argumentario (o su relato) de estos días, porque imputa al ministro ineptitud, mentira y ocultamiento.
Y el independentismo catalán pide también su cabeza no por Adamuz sino por Cercanías Cataluña, el servicio que el ministro describió ayer como pésimo pero sacando pecho por estar invirtiendo muchísimo dinero. Esquerra y Junts, negocia que negocia con el gobierno, sobreactuando para que no parezca que exoneran.
Puente no va a caer porque lo exija Junts
Puente no va a caer porque lo exija Junts. Ni porque lo exija, con la boca pequeña, Esquerra. Mucho menos porque lo exijan el PP o Vox. Puente sólo cae el día que lo exija, para apuntalarse él mismo, Salvador Illa. Que, llegado el final de enero, sigue, como Pedro Sánchez, sin Presupuestos.

