OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "Te falta sentido de estado, le dijo la sartén al cazo"

Carlos Alsina reflexiona en su monólogo sobre el descrédito del Gobierno al Tribunal Constitucional tras conocer la sentencia en la que declara inconstitucional el estado de alarma.

Carlos Alsina

Madrid | 16.07.2021 08:36

Lo primero, hoy, es el efecto devastador del agua cuando cae en tromba sobre un mismo sitio, se desbordan los ríos y arrastran casas enteras las riadas. Lo primero, hoy, es Alemania. Los equipos de emergencia que buscan a los desaparecidos por las inundaciones están empleando drones que ofrecen imágenes devastadoras de pueblos anegados y viviendas arrastradas. Según el Bild hay más de mil desaparecidos.

El Gobierno no desmiente las presiones ejercidas a la magistrada Roca

En España, han pasado cuarenta y ocho horas y nadie del Gobierno lo ha desmentido. Ni del Gobierno ni de los que ya no están en el Gobierno, por ejemplo su ex vicepresidenta Carmen Calvo. Han pasado cuarenta y ocho horas y nadie ha desmentido que la magistrada del Constitucional Encarnación Roca, considerada por el PSOE progresista, fue objeto de presiones gubernamentales para que avalara con su voto el confinamiento del primer estado de alarma.

Con las ganas que ha demostrado el Gobierno de comentar la sentencia del Constitucional ---que si la ministra jueza Llop, que si la ministra jueza Robles, que si la ministra a secas Belarra--- y es llamativo el nulo interés que han tenido en valorar este aspecto de la noticia: la vicepresidenta del Gbierno, que tantas lecciones de Derecho Constitucional nos ha dado a todos, metiendo presión a una magistrada para que la sentencia quede atada y bien atada. ‘Encarna, hazme el favor, tienes que demostrar sentido de Estado’.

"Habemus argumentario: La falta de sentido de Estado"

La razón de Estado es el comodín que siempre tiene a mano un ministro para reclamar a quien discrepa que se una a la causa. Por el Estado. Ayer le reprocharon al Constitucional que no haya tenido sentido de Estado la ministra Robles, el presidente autonómico Ximo Puig y el nuevo escudero de Adriana Lastra, Santos Cerdán. De modo que habemus argumentario. Los magistrados no han estado a la altura de lo que se esperaba de ellos. Porque lo que el Gobierno esperaba de ellos es que mandaran a paseo del recurso de Vox y pasaran página.

Hombre, mucho sentido de Estado no demuestra uno (o una) cuando se lanza con tanto entusiasmo a desacreditar a una institución tan principal de nuestro Estado como es el Tribunal Constitucional. Como no demostró ningún sentido de Estado el presidente Sánchez cuando reaccionó al informe del Supremo contrario a sus indultos censurando la venganza y la revancha. Mucho sentido de Estado no demuestra quien lleva meses poniendo bajo sospecha al Consejo General del Poder Judicial sólo por seguir haciendo su trabajo en ausencia de pacto político para renovarlo.

El Constitucional aprueba el confinamiento, pero no el marco jurídico utilizado

El Constitucional, ya lo comentamos ayer, no ha cuestionado que el Gobierno tuviera que confinarnos a todos para atajar, hace un año, la epidemia. Aprueba el confinamiento, lo que no aprueba es el marco jurídico de que se dotó el Gobierno. Por escaso. Es más, lo que está diciendo es que el Gobierno debió haber asumido aún más poderes excepcionales, todos los que contempla el estado de excepción, con la única contrapartida de tener que someter la decisión al visto bueno previo del Parlamento. Que visto el poco interés que ha demostrado después el Parlamento por controlar la utilización de esos poderes, no cabe duda de que se lo hubiera dado. El debate que se ha producido entre los magistrados y lo ajustada que ha sido la votación son pruebas suficientes de que el estado de alarma no fue una decisión ni insólita ni descerebrada.

Este Ejecutivo contrariado no ha podido tragarse su orgullo herido y ha protagonizado este embarazoso desquite: Desacreditar a quien le lleva la contraria

Podía haberse limitado el Gobierno a manifestar su discrepancia con la sentencia y admitir que el criterio que prevalece es el del árbitro. Podía. Pero este Ejecutivo contrariado porque creía tener fuerza suficiente (presiones de por medio) para ganar la votación y la perdió, no ha podido tragarse su orgullo herido y ha protagonizado este embarazoso desquite. Desacreditar a quien le lleva la contraria, qué novedad. Sugerir que a los magistrados les resbala que la gente se muera. Atribuirles afinidad con Vox. Situarles, como ha hecho la ministra Belarra, en la oposición al pobre Gobierno sitiado.

"El Gobierno pide sentido de Estado mientras mina el crédito del resto de las instituciones del Estado"

Sí, ya lo sé: el Tribunal Constitucional no es poder judicial, es el árbitro que interpreta la Constitución. Y nada tiene que ver con el Consejo General del Poder Judicial que, por supuesto, ni es un tribunal ni emite sentencias. Pero a ver, a Ione Belarra, como a Echenique, todo eso se la refanfinfla. Aquí se trata de hacer cada día el totum revolutum, la empanada argumental, para concluir que sólo habrá independencia judicial en España cuando el CGOJ sea afín al Gobierno, cuando los tribunales sentencien conforme a los intereses del Gobierno y cuando el Tribunal Constitucional secunde, Encarna, hazme el favor, todo lo que el Gobierno le diga que tiene que secundar. Y no se hable más, que para eso hay un poder ejecutivo en España. Para que desaparezcan todos los demás.

Sentido de estado, dice el Gobierno. Mientras va minando el crédito del resto de las instituciones del Estado.