Hay huevos blancos y huevos marrones. Los hay medianos, pequeños y XL. Hay huevos ecológicos y camperos. De gallinas, avestruz y codorniz. Lo que no hay, empiezan a no quedar, son huevos baratos. Los huevos son el alimento que más ha subido este año. Y más que va a subir con el brote de gripe aviar que está confinando a las pobres gallinas.
Los huevos XL llegan a rozar los cinco euros la docena en algunos supermercados. Los baratos están a 3,10. O sea, caros. Un euro más que hace un año. Cuestan eso, un huevo. Y será por huevos. Comemos 420 millones de kilos de huevos al año. Eso son muchas tortillas. Muchos euros.
El CIS, que pregunta más por la tortilla de patata que por el caso Koldo, dice que tres de cada cuatro españoles prefiere la tortilla de patata con cebolla y más de la mitad, "poco hecha". Por los precios no preguntó. A tiempo está, porque todavía no han tocado techo.
Desde 2021 el precio de los huevos se ha más que duplicado. Podría incluir ese dato en las preguntas Tezanos. Porque los datos macroeconómicos van muy bien. Es verdad. El presidente Sánchez decía en su entrevista en El País este fin de semana que España "se sale en términos económicos". Incluso la bolsa bate récords. También bate récords la pobreza desde 2008 y el precio de la vivienda. ¿La culpa? Sánchez se la echa a las comunidades autónomas. El presidente no ha roto nunca un huevo.
Pero cuidado con la cesta de la compra, presidente. Echarle huevos puede tocarlos. No todo el mundo compra casas, pero huevos sí. Y no solo sube la media docena. Sube el café, la ternera, las legumbres. En tres años, el precio de los alimentos calcula la OCU que ha subido un 35%. Y los salarios, no. Así que cuidado con celebrar tanto los datos macro y fijarse tan poco en los micro. Los huevos son un indicador interesante. Todo un símbolo de hasta donde está mucha gente.
¿Moraleja?
Con los huevos y las casas cada vez más caros, el triunfalismo económico causa reparos

