Trump lleva desde que volvió a la Casa Blanca, tratando de hacerse pasar por un árbitro neutral que intenta poner fin a la guerra de Ucrania. Eso es lo que dice. Lo que hace, sin embargo, incluido echar de malos modos a Zelenski del despacho Oval al poco de mandar a los suyos a reunirse con los rusos con total cordialidad, hace que Trump parezca más un aliado de Putin que un puente entre los dos bandos.
Zelenski, claro, no se fía del alto al fuego que le promete. Cómo se va a fiar si ya firmó con Putin un alto al fuego en diciembre del 19. Se hizo con todos los honores con Merkel y Macron. “Formato Normandía”, lo llamaron. Luego Putin se lo saltó y tres años más tarde trataba de llegar con sus tanques hasta Kiev. Ucrania resiste la invasión desde entonces. Eso es lo que Zelenski intentaba explicar el viernes en la encerrona de Trump y Vance, que Putin no es de fiar y que antes de firmar necesita garantías de defensa.
Mientras tanto, Europa reacciona lenta a la demolición del orden mundial acelerado de estas últimas semanas. Y esta va a ser una semana crucial. Esta sí que sí. La pregunta que tienen que responder los líderes europeos es qué hacer cuando EEUU ya no es un aliado fiable. Más inversión en Defensa, sí, pero cuánta, cuándo y cómo. ¿Hay en Europa recursos suficientes para ayudar a Zelenski? ¿Es verdad que a Putin se le está acabando el dinero? ¿Van Francia y Reino Unido liderar una respuesta europea?
Ayer hubo una cumbre en Londres que generó muchas promesas y pocas respuestas concretas. La reunión de Bruselas del jueves será un momento crítico. Otro. Es posible un anuncio histórico sobre los presupuestos europeos de Defensa, pero la pregunta no es solo cuánto sino quién lo lidera. Europa está acostumbrada a pensarse mucho lo que decide, pero el mundo de Trump funciona al revés: se hacen muchas cosas sin pensarlas demasiado.
¿Moraleja?
Europa se trata de reorganizar por si Trump corta toda ayuda militar.
