Andan los mercados todavía calculando el enorme daño económico de los aranceles que Trump ha ido esparciendo al tuntún por el mundo. Y tanto hablar del daño de sus políticas, que no prestamos suficiente atención a las oportunidades.
Por ejemplo, ahora que Trump está purgando universidades y centros de investigación, de Harvard al Smithsonian, por sus estudios presuntamente progresistas, la Unión Europea quiere atraer las mentes brillantes que se sienten amenazadas por la Administración Trump.
La Comisión Europea está impulsando un programa para servir de refugio a científicos de alto nivel que quieran venirse de Estados Unidos, sobre todo para la investigación científica y tecnológica. Algunos de los mejores investigadores del mundo que trabajan allí investigando sobre cambio climático o incluso sobre las vacunas se están quedando sin fondos y sin trabajo. La Unión Europea quiere que vengan a Europa y se sientan libres de investigar aquí lo que quieran.
Esto de que Estados Unidos en vez de atraer talento lo expulse es una señal más de que el mundo está patas arriba. El mundo que conocíamos al otro lado del Atlántico funcionaba, también en esto, al revés. Tras la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos apostó por liderar la innovación y la investigación universitaria. Se centró en atraer a los mejores investigadores europeos, que huían de un continente en llamas.
Aquella inversión cambió el siglo XX. Generó innumerables avances e hizo de las americanas las mejores universidades del mundo. Ahora es Europa la que ofrece libertad académica para los estadounidenses que se quieren ir de su país. Quién nos lo iba a decir.
Proliferan en Europa los programas específicos para científicos estadounidenses cuyo trabajo esté siendo amenazado, de la Universidad de Marsella al Instituto Karolinska de Suecia. Cuenta Político que cada vez llegan más solicitudes de estos nuevos emigrantes académicos que se quieren ir de Estados Unidos.
Si en España se hubiera planteado el debate universitario de un modo menos cerril, en vez de tirarnos piedras entre universidades públicas y privadas, nos podríamos poner también a ello.
¿Moraleja?
Europa está en su mejor momento de aprovechar esta fuga estadounidense de talento.
