Especial de 'Más de uno' desde el Banco de España

Cómo es vivir, crecer y trabajar en el Banco de España

Para finalizar el programa especial de Más de uno desde el Banco de España, Carlos Alsina ha realizado una visita sonora al edificio y a sus tesoros artísticos junto a Yolanda Romero, jefa de la División de Conservaduría del Banco. Y ha entrevisto a Luis Férez, hijo de un trabajador del banco que se crio entre sus pasillos.

ondacero.es

Madrid |

El especial de Más de uno desde la sede del Banco de España ha desvelado rincones poco conocidos de esta institución. Más allá del dinero, las reservas de oro o los billetes históricos, el edificio de Cibeles se revela como un verdadero museo habitado, lleno de historia artística… y humana.

Yolanda Romero, jefa de la División de Conservaduría del Banco, fue la encargada de guiar a los oyentes junto a Carlos Alsina a través del patrimonio artístico que alberga el inmueble. Rodeada por obras de Goya, Sorolla, Zuloaga o grabados contemporáneos, Romero explicó que la labor de su equipo no es solo conservar, sino mantener con vida un legado cultural que se remonta a los orígenes de la institución.

"El edificio fue obra de Adaro y Sainz de la Lastra y recibió la Medalla de Oro en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1884", recordó. Levantado en solo nueve años, el banco conserva una de las colecciones de relojes más importantes del mundo. De hecho, el programa se realizó bajo uno de esos relojes históricos, el de la torre del chaflán, que solo se ha detenido una vez en más de 130 años. “Un relojero viene todos los días durante tres horas para mantenerlos en marcha y perfectamente sincronizados”, explicó Romero.

La infancia en el Banco de España

Además de arte y relojes, el Banco de España fue también hogar. Luis Férez, hijo de un trabajador del banco y hoy empleado en la misma institución, compartió recuerdos de su infancia en los pasillos del edificio. "Esto era como una mini urbanización. Íbamos en bicicleta por los pasillos, jugábamos a la rana, había una mesa de ping-pong en la terraza…", evocó.

Luis vivió allí a finales de los años sesenta y principios de los setenta, junto a otras familias de trabajadores. "La mayoría se marchó, pero nosotros nos quedamos porque mi padre era fontanero del banco. Hoy trabajo justo en la sala que antes era mi habitación", contó entre risas.

Durante las Navidades, el espíritu vecinal llenaba de vida el edificio: "Nos daban regalos según la edad. A mí me tocó un Scalextric, fue el último regalo que recibí y aún lo recuerdo con ilusión", dijo. También bajó de niño a la cámara acorazada donde se guarda el oro: "Como todos conocían a mi padre, nos dejaban explorar".