EL MONÓLOGO DE LAS OCHO

Rafa Latorre, sobre Jessica y Ábalos: "Se le pagó un sueldo público sin trabajar, y únicamente en atención al afecto del ministro por ella"

El periodista y director de La Brújula expone en su monólogo las primeras palabras de testigos claves en el caso de las mascarillas, la importancia de esta causa para el PSOE y las amenazas de Donald Trump con aniquilar todo Irán en las próximas horas si el país asiático no reabre el estrecho de Ormuz.

Rafa Latorre

Madrid |

El monólogo de Rafa Latorre

La trama de las mascarilla fue tasada como el chocolate del loro, por parte de José Luis Ábalos. Aquí, en estos micrófonos de Onda Cero. Y es verdad que la comisión que se han podido llevar por trasegar mascarillas durante la pandemia palidece con el margen que uno puede obtener con el fraude de los hidrocarburos.

Son tantos los escándalos que ahora mismo están siendo investigados que es difícil discernir de qué hablamos en cada momento y de hecho hoy, en la primera sesión del juicio de las mascarilla ya han comparecido los sobre con dinero en efectivo que se repartían en Ferraz. Pero antes de eso, no nos quedemos en la cantidad de la trama que hoy ha empezado en enjuiciarse y hablemos de su calidad.

Porque la presunta organización criminal operaba desde el corazón mismo de un gobierno que estaba obligando a llevar mascarilla mientras ellos se enriquecían con su venta. Eso es lo que hoy se investiga en un caso donde confluyen cien mil historias y donde el espectador de la vista puede apreciar una ética y una estética, una forma de conducirse desde el poder.

No es lo más relevante pero inevitablemente es lo más sensacional. Todas las cámaras perseguían hoy una mujer que la trama habría agasajado para ganarse los favores del ministro de Transportes, el que manejaba el mayor presupuestos del gabinete, y poder así hacer sus negocios a placer.

Hablamos de Jessica, claro, a la que José Luis Ábalos dio un trabajo sufragado por todos los españoles en dos empresas públicas, INECO primero y Tragsa después. Como esto no era suficiente, la trama de Aldama le habría pagado un piso en un lugar privilegiado de Madrid y cada uno de sus viajes oficiales con el ministro eran compensados con una generosa dieta de 2000 euros.

Hoy a Jessica, el abogado de Ábalos, Marino Turiel, le hizo una pregunta cuya respuesta permitiría dirimir si estos pagos eran un cohecho indirecto para ganarse los favores del ministro o si ella era el cohecho.

Lo que hoy sí ha revelado Jessica y, por qué iba a mentir, es que ella nunca iba a trabajar. O sea, que se le pagó un sueldo público únicamente en atención al afecto del ministro por ella. Sea cual sea la naturaleza de ese afecto

Más información del caso mascarillas

Sin embargo el testimonio de Jessica no ha sido el más noticioso de esta primera sesión. El que ha dado la noticia ha sido precisamente el hombre que se encargó de falsear las actas de su trabajo. Joseba, el hermano del inefable Koldo. Alguien que como Koldo, no tenía un cargo en Ferraz, ni era dirigente socialista y sin embargo sería el que hacía de recadero de un muy extravagante sistema de pagos.

Digámoslo sin rodeos porque él lo ha dicho sin rodeos. Joseba Izaguirre reconoce que recibió sobres de dinero en efectivo en la sede del PSOE en Ferraz. Dos veces.

El PSOE siempre ha aducido que ese era el sistema de reintegro de gastos a cargos del partido. Muy particular, desde luego. En efectivo y en sobre, y no en mano sino a través de gente como Koldo y Joseba. Tan particular que jamás convenció al magistrado Leopoldo Puente y por eso ordenó a la Audiencia Nacional que investigara el asunto. En ese tribunal se investigan ahora bajo secreto todos los pagos en efectivo de Ferraz en la etapa de Ábalos y Santos Cerdán como secretarios de Organización.

Se trata de una causa distinta a la de mascarillas pero es que ya les digo que son tal cantidad los casos que arrecian contra el PSOE que es difícil saber cuando estamos hablando de cada uno de ellos.

Las amenazas de Donald Trump de aniquilar Irán

Nos preguntábamos ayer qué clase de amenaza le quedaba por proferir a Donald Trump para obligar a que los ayatolás abrieran el estrecho de Ormuz. Ya ha dejado por escrito la más apocalíptico, quiero decir, ya no hay más allá de esta: amenaza con la muerte de una civilización entera cuando esta madrugada, a las dos de la mañana hora peninsular, expire el ultimatum para que Irán reabra el estrecho de Ormuz y se someta a una claudicación.

No parece que esa sea la voluntad del régimen teocrático. Más bien parece que su predisposición para el martirio sigue perfectamente incólume.