Con la mirada puesta en la próxima cumbre de la OTAN en La Haya, los países aliados se preparan para afrontar un nuevo paradigma en el gasto en defensa, en un contexto de tensión geopolítica y rearme global.
El mayor aumento desde la Guerra Fría
En 2024, el gasto militar mundial ha alcanzado los 2,7 billones de dólares, lo que equivale a unos 335 dólares por cada habitante del planeta. Según el Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo, este incremento del 9,4% respecto a 2023 representa el mayor registrado desde el final de la Guerra Fría.
Una carrera armamentística constante
Durante la Guerra Fría, la rivalidad entre Estados Unidos y la Unión Soviética impulsó una carrera armamentística permanente, con episodios de máxima tensión como la crisis de los misiles en Cuba. Esta confrontación global, aunque indirecta, obligó a invertir de forma sostenida en armas, tecnología militar y alianzas estratégicas, llevando el esfuerzo militar a superar el 6% del PIB mundial.
El "dividendo de la paz" tras la caída del Muro
La caída del Muro de Berlín y la desintegración de la Unión Soviética marcaron el fin del orden bipolar y el inicio de una nueva arquitectura global. El entonces presidente de Estados Unidos, George H. W. Bush, popularizó el concepto de “dividendo de la paz”, que defendía la reducción del gasto militar para destinar más recursos a infraestructuras y servicios sociales.
Europa y el beneficio de la paz frente a Estados Unidos
Europa aprovechó especialmente ese contexto, sustituyendo tanques y artillería por un pujante estado del bienestar. Desde el fin de la Guerra Fría hasta 2023, los países europeos acumularon un dividendo de la paz de 1,8 billones de euros. Sin embargo, este beneficio no fue igual para todos.
Estados Unidos, que había reducido su gasto militar al 3% en 2001, lo incrementó tras los atentados del 11-S y las guerras en Afganistán e Irak, reforzando su papel como garante de la seguridad europea a través de la OTAN.
De Crimea a la nueva exigencia de gasto
La invasión de Crimea por parte de Rusia en 2014 supuso un punto de inflexión. Ese año, la OTAN fijó 2024 como plazo para que sus miembros alcanzaran el 2% del PIB en gasto de defensa, un objetivo que pocos cumplían cuando la invasión a gran escala de Ucrania volvió a cambiar la percepción de la seguridad en Europa.
El debate sobre el futuro del gasto en defensa
La postura de Estados Unidos bajo la presidencia de Donald Trump endureció las exigencias, considerando la protección militar como un servicio sujeto a pago y llegando a plantear cifras del 5% del PIB, como en la Guerra Fría.
El reto para España y Europa
Para países como España, cumplir con esa exigencia supondría un esfuerzo presupuestario de unos 80.000 millones de euros anuales, la mitad de lo que se destina a pensiones. La cumbre de La Haya será clave para replantear prioridades y asegurar la seguridad en un entorno internacional cada vez más incierto.
