La huelga convocada en el primer ciclo de Educación Infantil vuelve a poner el foco sobre una etapa que, según Fátima Guitart, lleva años soportando precariedad y una valoración social insuficiente. La docente explicó que el problema no es nuevo y que las trabajadoras del sector reclaman mejores salarios, más estabilidad y el reconocimiento real de una labor que, subrayó, es educativa y esencial.
Un conflicto que viene de lejos
Guitart recordó que el carácter educativo del ciclo de 0 a 3 años está reconocido desde la LOGSE de 1991, aunque en la práctica —según lamentó— ese reconocimiento no se ha traducido en unas condiciones dignas para el sector. Explicó que, pese a los cambios normativos, el problema se ha ido arrastrando ley tras ley sin una solución de fondo.
La profesora sostuvo que el debate no puede reducirse a una cuestión administrativa, porque afecta a un servicio que resulta imprescindible para las familias y para la sociedad. A su juicio, el ciclo sigue infraatendido, con una oferta que crece y una necesidad cada vez más evidente, pero con condiciones laborales que no acompañan.
Salarios y ratios
Uno de los ejes de la protesta es, según la entrevistada, el salario. Guitart señaló que muchas profesionales cobran apenas el salario mínimo interprofesional pese a contar con formación de FP, grado universitario e incluso másteres especializados. En su relato, insistió en que no se trata de una cuestión de vocación, sino de supervivencia económica.
También advirtió de que las altas ratios impiden atender a la infancia con la calidad que merece. La docente explicó que en la Comunidad de Madrid conviven redes públicas, privadas y de gestión indirecta con condiciones muy desiguales, pero con un denominador común: plantillas sometidas a mucha carga de trabajo y salarios bajos.
No es una guardería
Guitart defendió que el primer ciclo de Infantil no puede entenderse como un simple espacio de custodia. Según expuso, las profesionales no solo cuidan, sino que acompañan, estimulan, generan apego seguro y ayudan a las familias, muchas veces primerizas, a entender cómo educar y cómo proteger a sus hijos.
En ese sentido, remarcó que su trabajo tiene un valor social y educativo que a menudo no recibe el reconocimiento que merece. Frente a la idea de "parking" o "guardería", reivindicó una labor pedagógica decisiva en una etapa en la que los niños empiezan a construir aprendizajes y vínculos fundamentales.
El desgaste del sector
La entrevistada también describió un sector al que el cansancio le pasa factura. Al hablar del síndrome del quemado, explicó que el agotamiento no es solo físico, sino también emocional, y que eso termina afectando a la relación con los niños y con las familias.
Guitart añadió que muchas profesionales permanecen en el primer ciclo no por preferencia, sino por necesidades económicas, ya que cambiar al segundo ciclo suele implicar mejores salarios. Aun así, defendió que quienes trabajan en 0 a 3 desarrollan una tarea esencial y que la sociedad debería reconocerla como tal.
