LA BRÚJULA

La guerra civil que asola Sudán desde hace tres años: "Estamos viendo un nuevo genocidio en Darfur y a nadie parece importarle"

El corresponsal en África Alfonso Masoliver alerta de que la guerra de Sudán, ignorada en gran medida por los medios occidentales, está desatando una tragedia humana y geopolítica de enormes dimensiones. En La Brújula de Onda Cero, con Rafa Latorre, denuncia masacres, bombardeos a hospitales y una violencia extrema que amenaza con repetir el genocidio de Darfur mientras las potencias regionales juegan su propia partida de poder.

ondacero.es

Madrid |

Alfonso Masoliver subraya que la guerra civil sudanesa, que estalló hace tres años, apenas ocupa espacio en la agenda mediática pese a sus consecuencias devastadoras. Recuerda que casi 9 millones de sudaneses han tenido que huir de sus hogares y que el conflicto ha generado una de las mayores crisis de desplazados del mundo, con un país literalmente desangrado.

En la conversación con Latorre explica que "no estamos hablando solo de una guerra civil más en África", sino de un conflicto que "afecta a escala regional e incluso al otro lado en Asia", con múltiples actores internacionales implicados.

El corresponsal describe un tablero geopolítico en el que Irán, Turquía y Egipto se alinean con el ejército regular sudanés, mientras Emiratos Árabes Unidos respalda a las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF). Señala que, en algunos aspectos, se trata de "una prolongación de lo que está ocurriendo en Yemen, pero en un escenario mucho más amplio y con muchísima más importancia estratégica", sobre todo por el papel de Etiopía y la gran presa del Renacimiento en el Nilo, que inquieta profundamente a Egipto.

Según explica, la guerra en Sudán condiciona incluso cuánto puede intervenir Egipto en Etiopía, al estar distraído y atado por este frente.

El origen: un golpe de Estado que saltó por los aires

Para entender el conflicto, Masoliver recuerda que Sudán arrastra tres guerras civiles desde la independencia y que la segunda terminó con la separación de Sudán del Sur en 2011, cuando se asumió que "una paz con un país unificado era absolutamente imposible".

Tras esa partición, el país encadenó una nueva dinámica de poder entre dos generales: Abdel Fattah al-Burhan, jefe del ejército regular, y Mohamed Hamdan Dagalo, conocido como Hemedti, líder de las RSF, milicia nacida en Darfur y heredera directa de los responsables del genocidio de principios de siglo.

Ambos colaboraron en el golpe de Estado de 2019, que derrocó la transición civil, y se repartieron el poder con Al-Burhan como presidente y Hemedti como vicepresidente. Según relata Masoliver, el choque definitivo llegó cuando se intentó integrar las RSF en el ejército regular: "Burhan le dice que en tres años sus milicias se integran; Hemedti pide diez". La pugna por los plazos y por el control real de las fuerzas armadas derivó en un golpe fallido y en la actual guerra civil abierta, con dos estructuras militares enfrentadas sin espacio para el compromiso político.

¿Partición del país o estancamiento interminable?

Preguntado por la posibilidad de que el conflicto acabe partiéndose en dos países, como ya ocurrió con Sudán del Sur, Masoliver se muestra escéptico. Considera "difícil" una partición oficial porque supondría "rizar el rizo" después de la independencia del sur y, sobre todo, porque dejar en manos de las RSF la región de Darfur equivaldría a entregarles poder absoluto sobre poblaciones negras ya víctimas del primer genocidio. Advierte que "estarías facilitando el genocidio", algo que califica de "aterrador".

Lo que ve más probable es un estancamiento de facto, con un país partido en la práctica entre zonas controladas por el ejército y territorios bajo dominio de las RSF. Ese escenario, alerta, puede prolongarse "años, incluso décadas", consolidando líneas de frente y señores de la guerra sin reconocimiento internacional pero con control real sobre el terreno. La consecuencia sería un Sudán fragmentado, permanentemente inestable y con enormes dificultades para cualquier reconstrucción institucional.

Darfur: masacres, hospitales arrasados y cifras imposibles de asumir

Masoliver centra buena parte de su relato en Darfur, la región que ya fue escenario del genocidio de principios de siglo y donde, a su juicio, se está viviendo "un nuevo genocidio". Explica que prácticamente todo el territorio sudanés es susceptible de ataques a infraestructuras civiles y señala que "el 80% de los hospitales de las zonas de combate o donde se ha combatido están destruidos o inhabilitados", una cifra que califica de "pavorosa".

Las consecuencias sanitarias y humanitarias son descomunales: millones de personas sin atención médica, sin agua segura y sin acceso estable a alimentos.

El corresponsal destaca el caso de la ciudad de El Fasher (El Facher), asediada durante casi dos años por las RSF antes de su caída. Tras la toma, describe una masacre con números difíciles de verificar, pero de una magnitud estremecedora: entre 30.000 y 60.000 personas asesinadas, además de unas 90.000 que huyeron y "no han vuelto a aparecer".

Habla de imágenes de hospitales, como el de maternidad, convertidos en "alfombras de cadáveres de niños, mujeres, ancianos, médicos", todos ejecutados, como ejemplo del nivel de brutalidad que se está ejerciendo contra la población civil.

Humanitarios en el punto de mira y una violencia sin bandos buenos

Otro de los elementos más inquietantes que subraya Masoliver es el ataque sistemático a hospitales y organizaciones humanitarias. Cuenta cómo, al proponer acompañar sobre el terreno a Médicos Sin Fronteras, la organización le respondió que no podían garantizar su seguridad, algo que le resultó especialmente significativo: "En África, generalmente, a los humanitarios se les ha respetado; algún secuestro puntual, pero no bombardeos, ataques directos". En Sudán, sin embargo, han documentado atentados directos contra hospitales, convoyes y centros de ayuda.

El periodista insiste en que "lo peor es que lo hacen los dos bandos", tanto el ejército como las RSF, lo que impide construir un relato cómodo de buenos y malos. Señala que los ataques a civiles, la limpieza étnica, las ejecuciones sumarias y la destrucción deliberada de infraestructura sanitaria y humanitaria forman parte de la lógica de la guerra en ambos lados. En paralelo, más de 24 millones de personas se encuentran en situación de hambruna o inseguridad alimentaria extrema, sin que haya cifras claras de muertos ni un recuento fiable de la magnitud real de la tragedia.