La gala MET tendrá una gran ausencia, la del alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani. Es uno de los grandes eventos del año -dicen que el más fotografiado después de los Oscar- que reúne en el Museo Metropolitano a ricos y famosos del cine, la moda, la política y los negocios. Pero el alcalde, en un desplante histórico, ha dicho que no.
Los motivos de Mamdani para no ir a la MET Gala
Se lo ha dicho a la poderosísima Anna Wintour, de la revista Vogue, y a una gala a la que todo el mundo se pirra por ir: la silla cuesta alrededor de 75.000 dólares y el dinero recaudado va a parar al Instituto del Traje del museo. Este año, además, el cuarto hombre más rico del mundo, Jeff Bezos, y su mujer son anfitriones de honor y patrocinadores principales, ya que han donado seis millones de dólares.
Pero no le caen bien a todo el mundo y es probable que el alcalde haya pensado que es demasiada pijería para él. Hay gente ofendida que dice que el regidor no puede hacer ese desplante, pero el corresponsal de Onda Cero en Estados Unidos, Agustín Alcalá, explica que esto es intencionado, que Mamdani tiene muy claro quién es y, sobre todo, tiene muy claro quién no es.
"Es una manera de reconocer por qué le eligieron abrumadoramente los neoyorquinos, que no están interesados en que pase varias horas al lado de Jeff Bezos y su esposa. Sus vecinos quieren que el alcalde ayude a las parejas con hijos a pagar la guardería -en la zona de Wall Street, una niña de 18 meses paga 4.000 dólares al mes-, que los autobuses lleguen a tiempo y evitar que la ciudad expulse a aquellos neoyorquinos que no pueden pagarse sus pisos y sus alquileres en la metrópoli más cara de Estados Unidos. El hombre que ganó las elecciones con la palabra 'asequibilidad' cree que no tiene tiempo que perder para mejorar la vida de sus convecinos y, por eso, no estará en el Metropolitan", asegura.
Cómo decir "no" en un acto protocolario
La ciudad está llena de carteles contra la participación de Bezos en la gala por su cercanía con Trump y por las condiciones laborales de sus trabajadores. Queríamos saber por qué hay gente que es capaz de decir que no y por qué hay gente a la que le cuesta tanto. Hemos consultado a la experta en protocolo, Mar Castro, cuáles son las causas más habituales y más legítimas para declinar la asistencia a un evento.
"Si el evento no aporta suficiente valor relacional o estratégico para justificar el tiempo que va a ocuparnos. También puede ser una razón un conflicto de agenda con un compromiso que tiene o bien mayor prioridad, o bien, mayor rango. Otra más, la relación con los asistentes puede generar incomodidad o tensión", explica.
Cuando hemos decidido no ir a un sitio, ¿qué hay que hacer? Decírselo al anfitrión cuanto antes: "Tenemos que hacerlo con la antelación suficiente, salvo una causa de fuerza mayor real. La tardanza es muy ofensiva. Estaría bien que lo hiciéramos de forma escrita y personalizada, si es posible, acompañarla siempre de un gesto de cortesía, un agradecimiento por la invitación, por el reconocimiento del evento y, si se considera oportuno, la propuesta de un encuentro alternativo".
Lo que es muy importante es no dar detalles. Lo más probable es que en esas explicaciones empieces a balbucear, digas una cosa que se contradice con otra, te delates y te metas en un jardín. Se pueden alegar compromisos previos, obligaciones profesionales, delegar en alguien que te represente y, si pasamos al ámbito personal —salir a cenar con los amigos, a tomar algo, ir a un viaje que no tienes ganas—, es importante que, si no nos apetece, decir que no sin pensar que somos unos villanos.
Por qué hay gente a la que le cuesta decir que no
La psicóloga Miriam González Pablo nos cuenta que hay gente que declina invitaciones con naturalidad y fluidez y otros que no saben decir que no y viven enredados en compromisos que no les apetecen nada. Han aprendido que tiene un coste emocional demasiado alto: "Serían personas orientadas a agradar a otros, con miedo al conflicto, a tener malos entendidos o a que se puedan generar tensiones en sus vínculos. Personas que han aprendido a adaptarse para sobrevivir emocionalmente. Suelen ser personas muy válidas, muy responsables. Por eso ponen también al otro por delante, porque dentro de su responsabilidad, piensan que hacer esto les va a dar ese refuerzo social que necesitan".
Esta falta de capacidad puede venir de entornos en los que decir que no generaba grandes conflictos y eso nos ha dejado marcados: "Se oye por ahí que les falta carácter o personalidad y no. Esto es un aprendizaje a nivel emocional con repercusiones en los vínculos, en la autoestima y en la gestión del día a día".
Señales que indican que no sé decir "no"
¿Y cuáles son las señales que indican que no sabes decir que no?
- Dicen que sí y se arrepienten.
- Sienten culpa cuando intentan poner límites.
- Se sobrecargan.
- Cansancio físico y mental.
- Acaban sintiendo que dan mucho y reciben poco, y viven agobiados.
Al final, somos como un móvil, se nos descarga la batería porque nuestros recursos emocionales, físicos y energéticos son limitados y necesitamos una tasa de recarga. Las personas que no pueden decir que no suelen, además, tener dificultades para pedir ayuda: "Las consecuencias serían que aumentaría el estrés crónico, las somatizaciones, cuerpo cargado, fatiga, tensión, cuadros de ansiedad porque el cuerpo acaba diciendo lo que la persona no se atreve a decir", explica González Pablo.
Asegura que hay que perderle el miedo al no y que la buena noticia es que se puede entrenar. ¿Cómo? Pues con pequeñas cosas como, por ejemplo, "hoy no me apunto, prefiero quedarme viendo una peli". Aprender a decir que no no es ser egoísta, sino aprender a cuidarse.
