En España, cada vez más personas viven solas en su casa, en hogares unipersonales. Según el INE, de 5 millones de personas que vivían solas en 2021, hemos pasado a más de 5 millones el año pasado de ciudadanos en esta situación. Esto es un aumento de casi el 11 %, una cifra que no va a dejar de aumentar y que no tiene por qué ser algo negativo.
En Por fin analizamos las causas y las consecuencias con la profesora de Sociología en la Universidad de Valencia, Sandra Obiol, con el demógrafo e investigador del Centre d'Estudis Demogràfics en Cataluña, Pau Miret, y con la doctora en Antropología, María José Garrido.
Hogares unipersonales, el modo más frecuente de residencia
Aunque no estamos al nivel de China, donde ya hay más de 125 millones de hogares en los que sólo vive una persona, sí que es un fenómeno que los expertos aseguran empieza a ser global…y las cifras no van a dejar de aumentar: en los próximos 15 años los hogares unipersonales llegarán a 7,7 millones (el 33% del total) y se convertirán en el modo más frecuente de residencia.
La profesora de Sociología en la Universidad de Valencia, Sandra Obiol, explica en Por fin que vivir solo no tiene por qué ser algo negativo: "vivir sola no significa estar sola". "Es importante señalar que el vínculo social es positivo, obviamente, pero también implica muchas veces control social", indica.
Además, este es uno de los cambios culturales más significativos del siglo XXI para los sociólogos, la soledad deseada. Sólo 4 de cada 10 mujeres y 3 de cada 10 hombres de 30 a 34 años vive en pareja en España. Son las cifras más bajas del último siglo y quedan muy lejos de las de los años 70, muchos más altas (8 de cada 10 en ambos casos).
En el caso de las viudas, la soledad es normal, no es una moda, es que las mujeres vivimos más, y esto, por cierto, también nos debiera llevar a repensar el tema de los cuidados.
El demógrafo e investigador del Centre d'Estudis Demogràfics en Cataluña, Pau Miret, explica que, en lo que se refiere a los jóvenes, antes no ocurría porque irte a vivir solo no era, culturalmente hablando, una posibilidad. Cuando decíamos que un joven se independizaba o se iba de casa era porque se había casado o iba a formar una nueva familia.
Las dificultades de los jóvenes para emanciparse
Miret asegura que ahora ha perdido ese significado y entra el valor económico: si vivir solo no fuese una posibilidad tan cara, el porcentaje de jóvenes que vivirían solos sería todavía muchísimo mayor. De hecho, según una encuesta de una plataforma de alquiler, el 46% de los jóvenes que comparten piso en España preferirían vivir solos.
Por otro lado, la doctora en Antropología, María José Garrido, ha aumentado el aislamiento de las personas. "Estamos completamente desconectados de nuestras necesidades y por supuesto eso tiene un reflejo sin duda en la soledad, en la ansiedad y en la anomia social, en la desorganización, en el sentimiento de estar perdidos, de sentir ansiedad y medicalizar todos los procesos de reacción en el fondo a una forma de vida que no tiene en cuenta lo que necesitamos", asegura.
hacia dónde vamos y cómo se puede sobrellevar esto como sociedad
Según los expertos es una tendencia que no conduce a nada bueno, la salud mental de los jóvenes es peor que nunca en la historia. La depresión es la mayor causa de discapacidad en el mundo. Y el futuro parece que será hipermedicalizado para silenciar la soledad, que es la verdadera enfermedad del siglo XXI, aunque bueno algunos dicen que para nada.
Con respecto a qué se puede hacer, desde el punto de vista institucional, Sandra Obiol, explica qué tipo de políticas -urbanas, educativas, laborales o comunitarias- podrían frenar esta tendencia a la atomización social
"Si tuviera que elegir qué tipo de políticas públicas son prioritarias, serían aquellas que provean de espacios de encuentro y, sobre todo, que nos provean, que nos aporten tiempo, que no nos pasemos la vida en un tren parado, en una estación esperando el metro o que nos pasemos la vida trabajando, tanto en el trabajo remunerado, como en el trabajo doméstico", dice la profesora de Sociología en la Universidad de Valencia.

