Qué concurrido está el lado correcto de la historia. Es el garito de moda, el lugar en el que todo el mundo quiere estar. Lo malo es que no está muy claro el derecho de admisión. Está quedando una mezcla extraña en el presunto lado correcto de la historia. No es lo mismo que sea el lugar desde el que se condena el genocidio en Gaza que desde el que se legitima a China a invadir Taiwan.
Fíjate que el último en repartir carnés del lado correcto de la historia es Xi Jinping a Pedro Sánchez, menos mal que no ha sido al revés. Porque, a ver, si en el lado correcto de la historia está el mandamás de la mayor dictadura del mundo, en la que no existe libertad de expresión ni pluralidad política ni respeto a los derechos humanos, pues cómo será el lado incorrecto de la historia entonces.
Después de recibir a Sánchez, Xi ha estado con Lavrov, el ministro exteriores ruso. Lavrov es el que dijo que Rusia no invadió Ucrania, sino que la estaba desnazificando, el que niega la matanza de Bucha, el que dijo que Hitler tenía sangre judía. El ruso ha presumido esta noche en Pekín de que tanto China como Rusia desempeñan "un papel estabilizador en los asuntos mundiales". ¿Estabilizadora? ¿Rusia? No sé si para Xi, Lavrov está también en el lado correcto, pero no me extrañaría.
El presidente Sánchez dijo hace unas semanas que España está en el lado correcto de la historia por oponerse a la guerra en Irán. Ningún líder político dice nunca vivir en el lado equivocado de la historia. Pasa como con el sentido común, todo el mundo se lo atribuye sospechosamente a sí mismo.
Qué mejor señal de lo vacía de sentido que está. Reconozcámoslo. Se ha vuelto una expresión inútil, desgastada y tramposa. Como toda expresión que dé idea de que los que no piensan como nosotros están equivocados, pobres, viven en el error porque son malvados o ignorantes. Menos nosotros, que ya es casualidad.
¿Moraleja?
¿Quién traza la línea divisoria
del lado correcto de la historia

