Con o sin tregua, Ucrania seguirá necesitando apoyo financiero, y como es algo que ya no se puede esperar de EEUU, de donde venía aproximadamente la mitad de la ayuda que recibía este país, la UE está obligada a dar un paso al frente y demostrar que sí, que puede hacer frente sola a esta responsabilidad. Es al menos lo que vienen repitiendo que van a hacer una y otra vez los líderes europeos, y es de lo que van a discutir hoy los ministros de exteriores.
Un plan de tanteo
El plan que ha puesto hoy encima de la mesa la alta representante de la Unión Europea para Política Exterior y de Seguridad, Kaja Kallas, plantea movilizar entre 20.000 y 40.000 millones en ayuda militar a Ucrania para este año para dar así certidumbre a este país en un momento en el que la ayuda norteamericana está en el alambre. Entre 20.000 y 40.000 millones hay una diferencia enorme, el doble entre una cantidad y otra. Pero es que así están las cosas ahora mismo. Todos buscan aún tierra firme donde aterrizar algo que pueda satisfacer a unos estados miembros más divididos sobre la cuestión de lo que dejan ver en público.
No será fácil ponerse de acuerdo en la cantidad total o el reparto de la carga entre países a pesar de las declaraciones de apoyo firmes a Kiev, en la reunión se notan dos velocidades: mientras los países del Este se quejan de que la propuesta se ha suavizado, el sur de Europa arrastra más los pies. De hecho, ni siquiera están de acuerdo en que el reparto de la carga se haga en función del PIB de cada país, cada país busca el método de reparto que más le interesa, como Francia, que reclama que se contabilice las garantías de seguridad que aportará para controlar un acuerdo de paz en Ucrania.
El plan tiene que lidiar con la previsible desidia de la administración Trump y con el esperable bloqueo de la Hungría de Victor Orban a cualquier plan de ayuda estable a Kiev. Por eso se plantea como un instrumento voluntario cuyo montante total se repartirá según el peso económico de cada país participante. Esto quiere decir que a España le correspondería en torno al 8,68% del fondo, traducido en billetes, más de 3.000 millones. Y el gobierno ha anunciado para este año apenas 1000 millones. Es decir, tres veces más.
La reacción de Albares
La comparación entre el anuncio del Gobierno y lo que espera de él por parte de la Alta Representante ha provocado la reacción agresiva del ministro de exteriores, José Manuel Albares, a la entrada hoy de la reunión de ministros de exteriores donde se discute este tema. Visiblemente molesto por la pregunta y la propuesta de Kaja Kallas, se ha apresurado a decir que "España no ha necesitado una propuesta de la alta representante para comprometer 1.000 millones de euros para este año, como ya lo hemos hecho en años anteriores".
Lo que hace el ministro en su respuesta es ignorar que la aportación española puede no ser suficiente, y centrarse mejor en poner en valor que España, sin esperar al resto de socios, al menos ya había anunciado que está comprometida con ayudar.
Y es cierto, que durante una pasada visita del presidente ucraniano en mayo del pasado año de Volodomir Zelenski a Madrid, Pedro Sánchez firmó con él un acuerdo político, con una vigencia de 10 años, en el que se comprometía a aportar estos 1000 millones cada año además de cooperar en otros ámbitos (inteligencia, formación, desminado, reconstrucción y asistencia humanitaria).
Eran otros tiempos. Por entonces los EEUU aportaban la mitad de la ayuda internacional a Kiev y quedaba la esperanza de un final diferente a la derrota ucraniana en el campo de batalla que se empieza a dibujar estos días.
Hechos, no palabras
De momento, a pesar de que Trump ha apostado claramente al otro lado del Atlántico por el final de la guerra incluso al coste de una victoria estratégica de Rusia, y, a pesar de que la nueva administración norteamericana parece dispuesta a dejar de subvencionar con armas y dinero el esfuerzo bélico, la UE está empeñada en continuar el esfuerzo bélico el tiempo que sea necesario.
Eso significa que las declaraciones de nuestros líderes políticos tienen que empezar a verse respaldadas con hechos. Es decir, con dinero. Dinero que tendrá que competir con el que hará falta para reforzar la defensa Europa.
De esto discuten los ministros de exteriores, y de esto van a discutir también a finales de esta semana los Jefes de Estado y de gobierno en una Cumbre en Bruselas.

