Hay muchos tipos de organigramas. En la cocina manda el chef, en un buque el capitán y en las empresas hay CEO. En las orquestas, directores, como en el teatro, y en las colmenas y hormigueros manda la reina. Cada organización tiene su estructura de poder. Los criminales, también. Y en la jerarquía que describió ayer Víctor de Aldama en el Supremo hay un escalafón muy claro de la trama. El empresario corruptor lo enumeró como si en vez de una banda fuera un equipo de basket: con el 1, el presidente Sánchez, con el dos, el ex ministro Ábalos, con el tres, Koldo García y en el cuatro, Víctor de Aldama. El cinco queda libre por si convocan a Cerdán.
Aldama explicó en el Supremo cómo funcionaba la trama. Él se encargaba de que los empresarios pagaran mordidas a Ábalos y Koldo a cambio de licitaciones (tú quieres una licencia de hidrocarburos y el ministro quiere una casa en la Costa del Sol). Hasta ahí, nada nuevo. Pero ayer Aldama, que va dejando claro que no es el Pequeño Nicolás ni un agente de la TÍA, apuntó más alto.
Dijo que tanto Koldo como Ábalos le contaron que parte de ese dinero era para financiar el PSOE y que el presidente lo sabía. Es más, que la gente le cogía el teléfono a Koldo no por Ábalos, sino porque era un hombre de Pedro Sánchez. Aldama contó también que a veces entraba en el Ministerio de Transportes con una mochila Montblanc, de los más refinadas, con 250.000 euros en mordidas por obra, de lo más burdo.
A ver, puede ser que mienta Aldama. Puede ser también que Koldo y Ábalos le mintieran a él, diciéndole que el presidente lo sabía (y que repartían el botín con el partido), pero que se lo quedaran todo ellos. O puede también que lo que Aldama dice sea cierto. Los juicios están para eso. Para probar las cosas. A ver qué alegan hoy Koldo y Ábalos en su defensa. A ver también a quién atacan.
¿Moraleja?
Aldama apunta a Sánchez arriba del escalafón
y va repartiendo el marrón

