El restaurante Tápara de Cáceres ha consumado su traslado desde su antiguo establecimiento en la barriada del R-66 hasta el nuevo espacio ubicado en la carretera de Medellín, a tres minutos de Cáceres en coche. En 2020, se les presentó la oportunidad de adquirir un local en el que romper barreras y superar el techo que tenían en el local ubicado en la R-66. “Ofrecemos una experiencia más completa desde que entras. Tenemos restaurante gastronómico y un espacio para eventos en un complejo con capacidad para 400 personas y mucho espacio en terraza”, afirma Serrano.
El pasado lunes realizó una demostración del variado menú degustación que podrán disfrutar los cacereños. Como entrante, un salmorejo de tomate ecológico de Plasenzuela con manzana verde, para aportar un toque de frescura. El primer pase era un gambón rebozado y crujiente con guacamole de guarnición y un ali-oli muy suave. Posteriormente, ofrecieron unas croquetas líquidas de patatera y crema de foie.
Una de las señas de identidad de Tápara es el taco de bacalao con crema parmentier de boniato y calabaza acompañado de una salsa de miel de Gata-Hurdes. Se incorporó al menú una de las especialidades del restaurante: arroz de rabo de ternera con alcachofas confitadas. El último pase ofreció solomillo de ternera retinta, en lugar de la presa ibérica que suele ofrecer el menú habitual. Para culminar, un postre compuesto por texturas de chocolate brownie, helado y una crema de chocolate blanco en el fondo.
Un menú contundente con un precio de 45 euros con pan y agua incluidos. Más allá de la riqueza culinaria, el trato de los camareros y el servicio a los comensales fue excelente.
Y aunque Tápara haya cambiado de ubicación, la esencia sigue siendo la misma. “Estamos intentando hacer sentir al cliente nuestro de siempre pues que sigue estando en el mismo lugar. La cocina no ha cambiado, los chicos son los mismos, el mobiliario hace que estemos en casa y nosotros no hemos cambiado nuestra mentalidad”, explicaba Serrano.

