El historiador Héctor Blanco parte del recuerdo de Gonzalo para recuperar un fragmento de nuestra historia. Entre 32.000 y 34.000 niños y niñas (los números no son del todo claros) huyeron de la guerra civil española porque, recuerda Héctor, fue un conflicto bélico moderno, en el sentido de que la población civil era objetivo. La reacción lógica de muchos padres fue alejar a sus hijos de los bombardeos.
Los destinos de esas evacuaciones fueron, por orden, Francia, Bélgica, Reino Unido, URSS y México. En el caso asturiano, la gran mayoría de los niños acabaron en la antigua Unión Soviética, en donde hicieron su vida y se establecieron. No se sabe cuántos regresaron a España ya de adultos, pero la falta de arraigo en nuestro país y, en muchos casos, de familia, hizo que el grueso de aquellos niños de la guerra se quedase allí. No hubo un retorno masivo.
En aquella noche de 1937 no solo partieron niños asturianos. También vinieron llegados de Cantabria o Vizcaya. Fue la evacuación principal, aunque hubo más donde los adultos fueron mayoría. En el caso de las evacuaciones infantiles fueron voluntarias y no entendieron de bandos. Padres y madres de ambas ideologías sacaron a sus hijos para protegerles. Los únicos que tuvieron preferencia fueron los huérfanos. Bien porque sus padres hubiesen caído en combate bien porque ya no tuviesen familia cercana.
