A Ramón le ha costado más levantar la barrera mental que le impedía soltarse que ir levantando más y más peso. Porque el suyo es un deporte mucho más mental de lo que se cree. Ahora que ha superado el miedo a equivocarse ha notado una gran mejoría, que se encargan de potenciar en el centro de alto rendimiento al que ha llegado desde el Real Grupo de Cultura Covadonga en el que se inició. Allí llegó animado por sus padres, que creyeron conveniente que levantase pesas en lugar de levantarles continuamente a ellos...
La halterofilia le gustó y se le dio bien. Tanto que ve posible llegar a competir en unos juegos olímpicos pese a que es su mayor crítico. Y eso que lleva solo 5 años entrenando y compitiendo, pero desde el principio sus entrenadores vieron algo en él. Ramón, que es el más fuerte de su grupo de amigos, cree que es porque es muy bruto, aunque es más probable que contase con la fuerza necesaria gracias a haber practicado escalada con su padre.
Con el paso del tiempo va mejorando su técnica, entrenando, con un nivel de exigencia alto, entre 2 y 3 horas al día. Ya en competición se relaja con música heavy metal y trata de estar lo más concentrado posible. Escucha poco lo que se le dice desde fuera y está empezando a cogerle el gusto a soltar un grito en cuanto termina el movimiento.
La halterofilia es de las cosas que más le importa en su vida y a lo que más esfuerzo le dedica. Es su pasión. Sabe que no podrá, o será complicadísimo, vivir de ello. Nunca ha descuidado los estudios y le gustaría ser policía.
