Entrevista en Más de Uno

Del miedo a empezar de cero: así acompaña CEAR a los refugiados que llegan a Cádiz

La Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) trabaja en Cádiz con personas que han tenido que abandonar sus países huyendo de persecuciones, conflictos, violencia o amenazas. Su equipo jurídico, social y psicológico les acompaña en un proceso marcado por las barreras del idioma, la burocracia y, en muchos casos, el trauma de las experiencias vividas.

Jaime Álvarez

Cádiz |

“Nadie deja su casa por gusto”. Con esta frase se puede resumir una realidad que muchas veces queda escondida detrás de términos como asilo, refugio, migración o protección internacional. En Cádiz, organizaciones como la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) trabajan cada día para acompañar a personas que han tenido que abandonar sus hogares y comenzar una nueva vida lejos de su país.

Mercedes Alconada, responsable del área jurídica de CEAR en Andalucía, ha explicado en Onda Cero Cádiz cómo es ese proceso y cuáles son las principales dificultades a las que se enfrentan quienes solicitan protección internacional.

No existe un único perfil. Son personas que pueden haber huido de sus países por persecución política o religiosa, por pertenecer a una determinada etnia, por conflictos armados o por situaciones de violencia. También mujeres víctimas de violencia de género o de trata y personas perseguidas por su orientación sexual.

Una primera acogida para empezar de cero

CEAR, junto a Cruz Roja y otras entidades, participa en los programas de primera acogida. El objetivo es realizar una valoración inicial de las necesidades de cada persona y establecer un itinerario de apoyo dentro del sistema de protección internacional.

A partir de ahí intervienen distintos profesionales. Trabajadores sociales ayudan con cuestiones como el alojamiento, el empadronamiento o la asistencia sanitaria. El equipo jurídico acompaña a los solicitantes durante la preparación y presentación de sus expedientes, mientras que psicólogos trabajan con quienes llegan después de haber sufrido situaciones traumáticas.

También existe apoyo lingüístico para quienes necesitan aprender español y programas destinados a facilitar su formación y su incorporación al mercado laboral.

Porque el problema no termina cuando estas personas llegan a España. Para muchas comienza entonces otro camino complejo: aprender un idioma, entender una administración que no conocen, conseguir documentación y, al mismo tiempo, afrontar las consecuencias psicológicas de aquello que han vivido.

La barrera del idioma y el trauma

Una de las primeras dificultades es precisamente la comunicación. Hay personas que hablan español porque proceden de países latinoamericanos, pero también otras que llegan desde zonas rurales y únicamente conocen lenguas minoritarias para las que resulta complicado encontrar intérpretes.

A esto se suma el trauma. Alconada explica que algunas personas permanecen bloqueadas y tienen enormes dificultades para contar lo que les ha ocurrido. Otras, en cambio, cuando llegan a un lugar seguro, comienzan a relatar de golpe experiencias de violencia que necesitan ser abordadas con apoyo psicológico.

Ese proceso es especialmente delicado porque la solicitud de protección internacional requiere explicar ante las autoridades por qué esa persona tuvo que abandonar su país y cuál es el riesgo al que se enfrentaría si regresara.

La abogada de CEAR recuerda que el miedo forma parte de la propia realidad de muchas personas refugiadas: miedo al perseguidor, a lo que pueda ocurrir en el país de origen y, en algunos casos, también a las experiencias sufridas durante el propio trayecto migratorio.

La preocupación por la nueva ley de asilo

Durante la entrevista, Mercedes Alconada también ha valorado el futuro de la normativa española sobre protección internacional y ha mostrado preocupación por algunos aspectos del anteproyecto que adapta el Pacto Europeo de Migración y Asilo.

Desde CEAR consideran que el nuevo modelo puede introducir procedimientos más rápidos y restrictivos que dificulten que determinadas personas puedan explicar adecuadamente sus circunstancias.

Alconada pone el foco especialmente en los procedimientos acelerados y de triaje en frontera, ya que, según explica, una persona recién llegada puede no encontrarse psicológicamente preparada para relatar en un periodo muy corto experiencias de persecución, violencia o tortura.

También cuestiona la ampliación de determinados periodos de detención y defiende la necesidad de mantener garantías suficientes durante todo el procedimiento.

Poner rostro detrás de un expediente

Más allá del debate político y jurídico, CEAR reivindica que detrás de cada solicitud de protección internacional hay una historia personal.

Personas que dejaron atrás a sus familias, sus trabajos, sus casas y sus lugares de origen porque quedarse suponía un riesgo. Personas que llegan a un país que no conocen y que necesitan algo más que una respuesta administrativa: necesitan poder entender qué derechos tienen y encontrar a alguien que les acompañe durante el proceso.

En Cádiz, ese acompañamiento se desarrolla a través de una red de profesionales y entidades que intenta convertir palabras que pueden sonar frías, como asilo o protección internacional, en algo mucho más cercano: personas que buscan un lugar seguro donde poder empezar de nuevo.