Para muchos son 'chivatos' con la carga peyorativa que tiene el vocablo, pero es más numeroso el colectivo que considera que son tipos que dan un paso al frente para que entre todos podamos erradicar comportamientos execrables. Este sábado, en el moderno estadio de la Ciudad Deportiva de Zubieta, cuando ya estábamos en la propina del Sanse-Castellón, el árbitro cruzó sus brazos en señal de aviso. Kazunari Kita le acababa de advertir que el visitante Alberto Jiménez le llamó "puto chino".
Hace una semana, el españolista Omar El Hilali también acudió al amparo del colegiado por una lindeza del afamado Rafa Mir (objeto de más polémicas cada cual más oscura):"me ha dicho que vine en patera". El japonés de 20 años es un digno representante de un país donde el respeto es una obsesión, y el periquito tiene 22 tacos y es nacido en Hospitalet, no tuvo que sufrir travesía para sobrevivir.
Los que hablan de "chivateo" prevén que, a partir de ahora, la piel fina y el pataleo campen anchos en nuestros estadios. Son los guardianes de los códigos rojos y de ese mantra con olor a cerrado de "lo que pasa en el campo… en el campo de queda". Espero que el comité de disciplina federativo se estrene administrando justicia con estos casos: llamando a las víctimas, llamando a los lenguaraces, llamando a los testigos y a los propios silbantes. Si los elementos probatorios tienen viso de ser creíbles, como tiene presente la UEFA con los insultos a Vinicius, estaríamos ante multa chiquita, pero castigo deportivo grande de 10 partidos.
Pero es lunes y quiero invocar sonrisas: Madonna dice que guarda la camiseta del Celta que se puso en un concierto en Balaídos en el 1990. ¿Lavadita? ¿dobladita? ¿olívica desde chiquitita como el alcalde Caballero? Es todo marketing, me huelo, pero prefiero pensar que no…
