Es algo sin precedentes en la historia del fútbol. Italia, cuatro veces campeona del mundo, está fuera de un Mundial por tercera edición consecutiva, la quinta de su historia. Es una hecatombe que deja aun más tocado todo el sistema del fútbol en el país, el único deporte que no funciona a nivel élite como el resto de disciplinas en las que está en pleno esplendor. Era una trampa. La victoria no aliviaba la crisis. Y la derrota solo redimensionaba el desastre. E Italia no pudo escapar. Cavó un poco más hondo su propia tumba. A la lista de Suecia y Macedonia del Norte se unió este martes Bosnia como verdugo de una histórica. No acude la 'Azzurra' a una cita mundialista desde 2014. Y no supera la fase de grupos desde que levantara la Copa del Mundo en 2006. Una crisis tremenda que deja a jóvenes de 20 años sin haber visto unos octavos de final con Italia y a algunos que cumplirán 16 sin haberla visto ni siquiera participar.
La presión a la que está sometida la selección desde 2018 cada vez que se enfunda la camiseta es lo que más afecta a su rendimiento. El equipo cuenta con algunos nombres de primer nivel acostumbrados a grandes partidos. Gianlui Donnarumma en portería; Alessandro Bastoni, Federico Dimarco y Ricardo Calafiori en defensa; Nicolò Barella y Sandro Tonali en el centro del campo... Pero en el desafío de Italia contra sí misma, ganó la presión. El recuerdo de las repescas ante Suecia para el Mundial de Rusia 2018 y ante Macedonia del Norte para el Mundial de Qatar 2022, ambas perdidas, jugó otra mala pasada. Ni siquiera el haber ganado la Eurocopa en 2021 significó un refuerzo de confianza. La vorágine por los dos desastres precedentes afectó. Los penaltis, un castigo quizá demasiado cruel tras aguantar con un hombre menos desde el 41 por la expulsión de Bastoni. Gennaro Gattuso, que llegó en junio de 2025, pese a no ser catalogado como culpable, centra también los focos. Su continuación tras el fracaso está en duda.
Otro problema del fútbol italiano es la base. La profesionalización de los canteranos es muy complicada, el salto del segundo equipo al primero es muy grande. Algunos como 'Juve', Milan o Atalanta intentan paliar esto con la reciente creación de equipos sub-23 que compiten en Serie C y no en la categoría Primavera, creada para enfrentar a canteras entre sí. El fútbol es, de hecho, el único deporte que está a la baja en Italia en atractivo. La continua y larga crisis de un campeonato doméstico que no remonta, sumado al fracaso reciente de sus equipos en 'Champions', con solo un equipo en octavos de final y ninguno en cuartos, lo ubica a la cola. El milagro del Inter con dos finales de 'Champions', o el de Atalanta, 'Fiore' y Roma en el resto de competiciones fue, eso, un milagro. Como aquella Eurocopa conquistada en 2021. Un oasis en el desierto. El problema de la inserción de jóvenes en el fútbol, algo que no sufre el resto de deportes, marca la diferencia.
Es un desafío gigante el que afronta el fútbol italiano para su reconstrucción. Y uno de sus grandes frenos para la competitividad es que los equipos italianos no son propietarios de sus estadios. Entre las pocas excepciones: la 'Juve', el Atalanta y, recientemente, el Inter y el Milan, que aún no cuentan con esos ingresos extra que supone un estadio nuevo propio para relanzar la economía. Es casi como jugar con las cartas marcadas. Los jóvenes talentos, al contrario que en el resto de disciplinas, tienen muchas dificultades para llegar a la máxima categoría del 'calcio' y, eso, a la larga, tiene unas consecuencias en la selección. De hecho, uno de los nueves actuales de Italia es Mateo Retegui, argentino nacionalizado italiano. La solución a esta debacle continuada en el tiempo, solo salvada por una especie de casualidad en la EURO 2021 -sin desmerecer a esa Italia campeona de Donnarumma, Bonucci y Chiellini-, está en la reforma del fútbol italiano. Se busca más el talento extranjero que el desarrollo propio desde hace años y Giacomo Raspadori, jugador del Atalanta, sin minutos en esta repesca, es una de las pocas excepciones en las que un club, el Sassuolo, apostó por su juventud. En su día, explicó en rueda de prensa el problema de Italia.
Italia está fuera del tercer mundial consecutivo. El desastre es consecuencia natural de unos años de devaluación continúa camuflada entre éxitos aislados que solo han retrasado lo inevitable. La 'Azzurra' alargará su pesadilla, mínimo, hasta los 16 años. Objetivo 2030.

