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EL MONÓLOGO DE ALSINA

'El único día fácil fue el de ayer'

Les voy a decir una cosa.

Matt Bissonette, el militar norteamericano que ha narrado en un libro la operación para matar a Bin Laden en la que él mismo participó, elige para iniciar su relato una frase que resume la filosofía de los Seals, el cuerpo de operaciones especiales de la Armada.

Carlos Alsina | Madrid | 04/12/2012

Cola en el exterior de una oficina de empleo en Madrid.

Cola en el exterior de una oficina de empleo en Madrid. / EFE I Archivo

La frase dice: “El único día fácil fue el de ayer”. Sólo lo que ya sucedió puede darse por superado; el resto, está por hacer y nadie te garantiza que mañana no sea todo aún más complicado que hoy. Aunque Rajoy sea, por carácter, por táctica y por agilidad, lo menos parecido que uno pueda imaginar a un navy seal, es posible que se sienta identificado con la frase: no hay días fáciles, salvo el que ya fue.

Hoy salió el paro. El dato del paro de noviembre. Y ha vuelto a marcar récord de personas que quieren trabajar pero no encuentran dónde, trabajadores sin trabajo inscritos en los servicios públicos de empleo. Nunca antes habíamos tenido tantas personas apuntadas a esa lista amarga. Se acerca a los cinco millones y anticipa que la EPA de final de año dejará la tasa de paro cerca del 25,5 % y el número de desempleados muy cerca de los seis millones. Cada vez más parados, cada vez menos personas trabajando y cotizando.

Ésta es la realidad diabólica que define hoy nuestra situación económica. Cuando hace un mes se presentaron los datos de octubre, el gobierno puso empeño en subrayar que, aunque el paro subía, lo hacía más despacio que los meses anteriores. Estas verdades a medias, tan parecidas a mentiras piadosas, que escuchamos cada vez que sale un mal dato: es verdad que es malo, pero antes era aún peor; es verdad que sube el paro, pero antes subía más rápido. Oiga, si sube, sube. Cuando estás descendiendo a un pozo consuela poco pensar que antes caías a plomo y ahora bajas más despacio, porque al final estás cada vez más hondo.

Hoy lo que ha explicado el gobierno es que en noviembre ha caducado el convenio especial que amparaba a los cuidadores no profesionales de personas dependientes, es decir, personas (a menudo familiares del propio dependiente y casi siempre mujeres) que se ocupaban de ellos y que estaban dadas de alta en la Seguridad Social, sólo que era el Estado quien asumía el pago de la cotización por ellas.

La fórmula estaba pensada para mujeres que habían abandonado su empleo para atender a familiares dependientes y que recibían una prestación, una pequeña paga, de los gobiernos autonómicos; la idea era que siguieran cotizando para poder tener derecho, en su día, a la pensión. Ahora, fruto de los recortes, el gobierno entiende que quien desee seguir cotizando debe hacerlo por su cuenta, y para eso abrió un plazo, para que los cuidadores no profesionales que desearan seguir cotizando solicitaran el cambio de estatus; todos aquellos que no lo han hecho, dejan de cotizar y pasan a ser consideradas como personas en paro.

Esto es un hecho, es lo que ha pasado. Pero lejos de ser un consuelo, un atenuante al pésimo dato de paro que tenemos, lo que viene a revelar es que hemos estado contando parados de menos durante meses y meses. Lo que el secretario de Estado de la Seguridad Social denominó hoy “corrección estadística” podría llamarse también afloramiento de parados que estaban ahí, sin empleo real, pero camuflados bajo esta fórmula de “cuidador no profesional” que permitía la que hubiera demandantes de empleo que no computaban como tales.

Ah, entonces en noviembre no ha subido tanto. Bueno, no ha subido tanto porque ya era más alto de lo que parecía y lo que nos contaban, o sea que tampoco en eso hay consuelo. No es sólo que cada vez haya más desempleados, es que cada vez permanecen más tiempo en el paro. Lo dramático no es sólo que te despidan, sino que no tengas luego dónde recolocarte, que el horizonte que se abra es el de muchos meses sin un empleo, cobrando la prestación, sí, pero la prestación (que no deja de ser un mal menor) tampoco dura eternamente, y son cada vez más los parados españoles que la han agotado.

Al presidente del gobierno le preguntaron en La Razón este fin de semana si estaba satisfecho del resultado que ha tenido la reforma laboral. “¿Satisfecho con su funcionamiento?”, era la pregunta. “Sí”, era la respuesta, “antes no había otra alternativa que el despido -decía-, pero ahora las empresas optan por suspensiones temporales de empleo o por cambiar las condiciones de trabajo; está habiendo efectos de la reforma, somos más competitivos, y habrá más cuando empiece la recuperación económica”, decía Rajoy.

Esta segunda parte de su tesis -que la reforma servirá para crear empleo más deprisa cuando dejemos atrás la recesión- podremos empezar a juzgarlo el día que la economía crezca de nuevo (finales del año que viene, a decir de casi todas las estimaciones), pero cuando el gobierno presentó en el Congreso su reforma el argumento para defender la conveniencia de los cambios (despido más barato y por caída de la actividad de la empresa, básicamente) no fue ése, sino éste otro que decía: “con esta reforma conseguiremos atajar el paro y revertir la tendencia”.

El gobierno atribuye a esa mayor “flexibilidad” (los sindicatos lo llaman “precariedad”) laboral el hecho de que las compañías automovilísticas, Ford, Renault, hayan confirmado sus inversiones en España (previo acuerdo en las factorías con los trabajadores), que es una forma de decir: es que sin reforma aún habríamos tenido más paro. Éstas son siempre afirmaciones de imposible verificación, porque no es posible saber qué habría pasado en circunstancias distintas. Pero aquel objetivo principal con el que nació la reforma -atajar el desempleo, revertir la tendencia, incentivar la creación de nuevos puestos de trabajo- no cabe decir que se haya alcanzado.

Cinco millones de parados en los servicios de demanda de empleo, camino de seis millones en la Encuesta de Población Activa, revelan que esta tendencia a seguir menguando la oferta de empleo y seguir creciendo el número de personas que no encuentran trabajo sigue estando ahí, esa realidad la reforma laboral no la ha cambiado. Fátima Báñez, que el viernes tuvo que comerse el marrón de anunciar que las pensiones no se revalorizan conforme al IPC, ha tenido que admitir hoy que el paro sigue yendo a peor, aunque ella se dice convencida de que sus reformas acabarán dando la vuelta a esas cifras. “No tiramos la toalla”, ha dicho.

Igual es que ha leído a Matt Bissonette, el navy seal que cargó con el cadáver de Bin Laden. En su libro cuentan cómo abordan los cuerpos especiales las misiones que parecen imposibles. Tienen un dicho formado por una pregunta y una respuesta. Pregunta: “¿Cómo te comerías un elefante?” Respuesta: “Mordisco a mordisco”.

Y entre mordisco y mordisco, un traguito de café con un chorrito de Magno... a la salud de los científicos de la NASA que están dedicando unas horas estos días a convencer al personal de que el mundo no se termina el 21 de diciembre. Da igual las veces que se haya explicado ya lo del calendario maya y lo poco que tiene que ver con la profecía del fin del mundo; la gente sigue temerosa y la NASA ha recibido más de cinco mil preguntas del tipo: “digan la verdad, ¿qué va a pasar?”, o “dejen de ocultar lo que saben, no sobreviviremos, ¿verdad?”

En respuesta, los científicos han respondido que sí saben lo que no va a pasar: no nos abrasará una llamada solar, no chocará con nosotros un asteroide y no librará en verano Georgie Dann, por citar tres de las desgracias más enormes que podrían sucederle a este planeta.