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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "No habrá fecha para la investidura mientras Junqueras, en su celda, no bendiga al candidato"

Próxima estación: ponerle fecha al debate de la investidura. En el país siempre a medio hacer, el rey hizo lo que, en coherencia, tenía que hacer: poner en marcha el procedimiento que nos conducirá o a la investidura de un presidente llamado Sánchez o a las terceras elecciones en año y medio.

Carlos Alsina
  Madrid | 12/12/2019

Sánchez es presidente en funciones no porque ganara dos veces las elecciones generales. Es presidente porque prosperó una moción de censura con el aliento de Podemos, del PNV (tan leal a su compromiso con Rajoy) y del tándem anti-Estado español que forman Junqueras y Puigdemont. Sánchez ganó una moción de censura y perdió una investidura. O dos, porque ya había perdido una en 2016. Su peor pesadilla ahora es perder otra: el presidente interino perdedor de investiduras.

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Por eso, a la pregunta que se le hizo anoche, ¿para cuándo la investidura?, echó balones fuera.

No habrá fecha para la investidura, por tanto, mientras Junqueras, en su celda de Lledoners, no bendiga al candidato. El calendario lo tiene el preso. Igual era a esto a lo que se refería ayer García Page cuando escribía su carta a los reyes magos.

El presidente se apareció en la sala de prensa de la Moncloa en otra de sus famosas comparecencias con muy poquitas preguntas. En carne mortal pero como si le resultara latoso tener que andar explicando a los españoles en qué anda. Se lo recriminaron, por cierto, los periodistas.

Lo que anunció Sánchez es:

· Que aún no tiene cerrado el acuerdo para ser investido.

· Que el gobierno o será de coalición con Podemos o no será.

· Que lo único que tiene que hablar con el PP y Ciudadanos es que apoyen la investidura aunque no les guste ni el candidato ni el copresidente que se ha buscado.

· Y que le ha levantado el castigo a Torra y estará encantado de estrechar su mano.

Con Casado y Arrimadas se verá la semana que viene (con Iglesias no hace falta porque se ven constantemente, está a un paso el de Podemos de instalarse en el colchón supletorio de la Moncloa) y con los demás partidos despachará –-o los des-pachará-- Lastra. Se supone que también, atención, a Vox. El único partido al que el PSOE tiene levantado el cordón sanitario.

Por un lado irán las reuniones de trámite con Casado y Arrimadas (para que no se diga) y por otro, la negociación que ha privilegiado el PSOE, la única a la que ha dado rango de serial amoroso. El regateo con Esquerra Republicana para ponerle precio a una abstención. Esto que dice Esquerra de que ya han conseguido cobrarle la primera cuota, el pago por adelantado, al mendicante. Presume Esquerra de que ha arrastrado al PSOE a dejar de decir que en Cataluña hay un conflicto entre catalanes para asumir que el conflicto es de Cataluña con el Estado.

El cortejo a Esquera incluye a partir de ahora, y por exigencia del independentismo, al president Torra. Sánchez se inventa una ronda de presidentes autonómicos (que nada tienen que ver con la investidura) para camuflar que se va a hacer un pedralbes con el muñeco de Puigdemont.

Monta una kedada con media España para que Torra quede difuminado: dónde está Wally. Es la manera de rehabilitar a Joaquim Torra como interlocutor de la Moncloa. Rehabilitarlo justo ahora que va a ser inhabilitado, salvo sorpresa, por el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña. ¿Cómo era lo de García Page?

¿Cuántas semanas hace que no le escucha usted a Sánchez exigirle a Torra que condene la violencia de los CDR? Y por cierto, ¿cuántas semanas hace que no se queman contenedores ni se cortan autopistas en Cataluña? Aquella movilización saboteadora, tan espontánea, tan necesaria (se decía) para mostrar el rechazo a la sentencia del Supremo, desapareció del mapa. Quién abría y cerraba el grifo del sabotaje aún nadie lo ha dicho. De aquella investigación que tenía abierta el CNI, y que el propio presidente desveló en campaña, tampoco ha vuelto a saberse nada.

Juegan con nosotros: ahora toca, ahora no toca.

Ahora toca tuitear como un loco, ahora toca borrar el 90 % de los tuits que he publicado. Qué es lo que ha hecho Pablo Echenique. ¿Qué puede llevar a un diputado a borrar ocho mil tuits? Ocho mil ochocientos de nueve mil. Sólo ha salvado 200. El dos por ciento. ¿Tan incómodo es el 98 % de lo que ha publicado para ser ministro?

El hombre de Pablo Iglesias en Cataluña, Jaume Asens –-éste al que Sánchez señaló en campaña como la prueba de que no podía fiarse de Podemos— puso ayer su granito de arena para que Junqueras y los demás delincuentes condenados por el Supremo puedan evitar la prisión cuanto antes. Su coartada ahora se llama Urdangarín, el cuñado del rey que según Podemos nunca iba a ser condenado porque la justicia estaba al servicio de los poderosos y nunca ingresaría en prisión porque era impune.

No se recuerda que Podemos celebrara que Urdangarín obtuviera permiso para salir de la cárcel a hacer voluntariado, pero ahora que le viene bien para lo otro, lo usa Asens como precedente. Urdangarín fue condenado a cinco años y diez meses por el Supremo y pasó un año entre que se le asignó el segundo grado y pudo salir de prisión, unas horas al día, un año y pico después. Junqueras está condenado a trece años (lo suyo, en términos penales, fue más grave) y podrá solicitar las salidas cuando tenga cumplida la cuarta parte de la pena, es decir, en 2021. Lo que pasa con Jaume Asens, y con todo el partido con el que Sánchez aspira a compartir el gobierno, es que lo de Urdangarín le pareció intolerable (con razón) y lo de Junqueras, no. Porque, total, sólo puso unas urnas.

De las urnas que puso Sánchez en noviembre al precio que va a pagar para ser investido. De la gran fiesta de la democracia a la gran fiesta de la vaselina.

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