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OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "Europa se nos resiste"

Carlos Alsina reflexiona en su monólogo sobre la derrota de Nadia Calviño en la votación para presidir el Eurogrupo.

- Nadia Calviño: "Teníamos apalabrados 10 votos, pero algún ministro no hizo lo que dijo que haría"

   | 10/07/2020

La persona que más cautela mostró siempre respecto de las opciones que tenía Nadia Calviño para presidir el Eurogrupo fue Nadia Calviño. El más prudente a la hora de hacer pronósticos, y quien nunca dio esta carrera por ganada, ha sido el equipo de la vicepresidenta económica.

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Sólo podían pasar dos cosas: que España ganara el puesto o que lo perdiera. Y lo ha perdido.

A las derrotas hay que llamarlas por su nombre, derrota. Toca lamentar que hayamos perdido –-porque era un puesto valioso y muy oportuno para España— y toca afinar en las próximas negociaciones porque está en juego algo aún más valioso, nada menos que la financiación del Estado español en la recesión en la que ya estamos. El gobierno irlandés jugó mejor este partido. El currículum de la candidata Calviño nada tiene que envidiar al del ministro de Irlanda y no es por demérito de ella por lo que se ha perdido. Tenía el apoyo de los gobiernos con más potencia de fuego en Europa, los de los países más poblados, Alemania, Francia, Italia, pero le madrugó el sillón el gobierno irlandés haciéndose un tacita a tacita con los países que tienen mucho menos peso pero que, sumados, han resultado ser uno más (sólo un voto más) que los del grupo pro Calviño.

Paradójicamente, que la ministra española tuviera como padrinos a los portaviones europeos, Macron y Merkel, ha podido acabar beneficiando al irlandés, por aquello de que los pequeños llevan mal que los grandes se salgan siempre con la suya. Más relevante resulta que haya ganado el candidato de los gobiernos que menos sintonizan con el nuestro (y con el italiano) respecto de cómo debe organizarse ahora el surtidor de dinero europeo para los países más castigados por el coronavirus. Tener a Calviño al frente del Eurogrupo era un impulso para sacar adelante un fondo de recuperación que cada gobierno pueda usar como crea oportuno. Tener al irlandés transmite justo el mensaje opuesto: que esta mano la han ganado los partidarios de someter al gobierno que recibe el dinero a vigilancia europea.

Estas cosas pasan.

Tú eres jefe de un gobierno, ves que la cosa pinta bien, haces declaraciones optimistas, interpretamos todos que lo tienes amarrado, y luego encajas la bofetada.

El presidente Sánchez confiaba en poder presentar una victoria como prueba de que España pesa cada vez más en Europa, ahora que se marcharon los británicos. Un éxito en esta negociación habría reforzado la idea de que lleva la iniciativa en el debate europeo sobre el fondo de recuperación, esto que él llama plan Marshall y equipara, en importancia histórica, con el nacimiento del euro. No salió como esperaba lo de Calviño. Es verdad que no llegó a ser tan explícito, celebrando antes de tiempo, como la ministra de Exteriores, anteayer mismo.

Estas cosas pasan. Te dejas llevar por el entusiasmo y se te queda cara de ‘algo se me escapaba’.

Hoy lo de Calviño tiene lecturas varias.

· La más europea: que se anuncia más batalla aún de la prevista en la cumbre de gobernantes de la semana próxima. Y que los puestos más relevantes de las instituciones europeas están todos en manos de los conservadores: la presidencia de la comisión europea, Von der Leyen; la del Banco Central, Lagarde; y, ahora, la del Eurogrupo, Ivanhoe (digo Donohoe).

· La lectura más española: que el predicamento de Sánchez igual no es tan alto como la Moncloa sugiere cada día. Y que no sólo ha perdido él, porque en esto sí iban de la mano PSOE, PP y Ciudadanos. ç

· Y la lectura de recorrido más corto, o de vuelo bajo, pero que también interesa: el estado de salud política de cada uno de los integrantes del gobierno Sánchez. Seguramente es exagerado afirmar que el vicepresidente Iglesias celebro en silencio la derrota de su compañera de gabinete pero seguramente no es exagerado afirmar que para él no es un drama que ella pierda. No habrá derramado Iglesias una lágrima por el revés de la compañera.

Menos aún, ahora que él anda en horas raras intentando contener el encanijamiento de su marca electoral, este domingo, en Galicia y el País Vasco y sin que se haya escuchado todavía a un solo compañero suyo de gabinete, o compañera, celebrando su doctrina sobre la naturalización del insulto o sobre el derecho de un hombre de treinta y muchos años a ocultarle a una mujer de veintipico que le han pasado una tarjeta con fotos, vídeos y pantallazos de ella procedentes de su teléfono móvil robado.

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