OPINIÓN

Monólogo de Alsina: "Las sonrisas dejan paso a las mascarillas"

Carlos Alsina reflexiona en su monólogo sobre la última medida del Gobierno de recuperar, de nuevo, la obligatoriedad de las mascarillas en exteriores.

Carlos Alsina

Madrid | 23.12.2021 08:48

Hay lo que hay. Y con estos bueyes tendremos que arar en Navidad. La situación sabemos cuál es. Los datos están ahí. Raro es no conocer ya a alguien que haya dado positivos días por Covid. Y lo que podemos esperar de quienes gobiernan y toman decisiones, en España y en cada comunidad autónoma, también sabemos qué es porque ninguno de ellos (y ellas) acaba de llegar ni está por descubrir. Para lo bueno, y para lo malo, sabemos lo que hay.

Regreso de la mascarilla obligatoria y acelerón en la vacunación

La esperada Conferencia de Presidentes Telemáticos corría el riesgo de parir un ratón y parió dos:

· El regreso de la mascarilla obligatoria en exteriores.

· Y el acelerón en la vacunación de la tercera dosis.

Para el resto, cada gobierno autonómico verá lo que hace. Es decir, como siempre.

Lo primero, la mascarilla al aire libre, es poco útil para evitar contagios –-no suelen producirse en espacios exteriores o ventilados— y lo segundo, más vacunación, es apretar en lo que ya se estaba haciendo ---se empezó con la tercera dosis a los mayores de sesenta, se amplió a los mayores de cuarenta y ahora se ponen plazos para completar todas las franjas de edad---.

El presidente quería transmitir la impresión de que hace algo y a ello dedicó la tarde

La mascarilla que hoy aprobará el Gobierno central en Consejo Extraordinario lo podía haber aprobado el Consejo de Ministros del martes y el Plan de vacunación bien podía haberlo resuelto el Consejo Interterritorial de Salud sin necesidad de convocar, con tanta trompetería, el cónclave de barones y baronesas.

Pero bueno, el presidente quería transmitir la impresión de que hace algo y a ello dedicó la tarde. Resumen de la homilía presidencial de anoche: los contagios se han disparado, cómo negarlo, tenemos más infecciones diarias que nunca, pero como estamos todos vacunados no hay por qué alarmarse. La enfermedad, gracias a la vacuna, casi siempre es leve, así que está todo en orden y no hay que limitar la actividad. Traducido: esta vez no se encomienda a los epidemiólogos ni le pide consejo a Fernando Simón.

Frenar la explosión de contagios se da por imposible. El objetivo es que los infectados pasen la enfermedad sin acudir al hospital o al centro de salud

Porque la verdad última, que nadie explicita, es que frenar la explosión de contagios se da por imposible. El objetivo ya no es doblegar esa curva. El objetivo es que los infectados pasen la enfermedad en casa sin necesidad de acudir ni al hospital ni al centro de salud y sin que tengan que parar su actividad los familiares y los amigos.

El único gobierno autonómico que ha regresado a las antiguas restricciones es el de Cataluña. El resto, a día de hoy, hace recomendaciones pero no impone ni topes a las cenas familiares ni límites a la hostelería o el ocio nocturno. Digamos que la doctrina Ayuso se ha extendido entre los presidentes autonómicos. Vacunación, sí, restricciones, como que no.

Las sonrisas dejan paso a las mascarillas

Si en junio el eslógan era el regreso de las sonrisas... ahora tendrá que ser al revés: las sonrisas dejan paso a las mascarillas. Otra vez. Y sin más fundamento científico que el que puedan aportar los psicólogos. Por aquello de que llevar mascarilla a todas partes nos hace más conscientes del riesgo, o algo así.

En estos dos años de pandemia hemos aprendido que el virus no se contagiaba por tocar sin guantes un mostrador o por no lavar con lejía las verduras. Y que tampoco se contagia en espacios ventilados y estando cada persona a metro y medio de las demás.

El presidente Sánchez, abonado ya a diario a su nuevo estribillo: no estamos como estuvimos, estamos de otra forma, versión ligeramente aguada del salmo responsorial que entonó en el Congreso hace un mes...

Sánchez demostró anoche que el eslógan del "España va bien" lo domina mejor que la letra pequeña de las medidas que él mismo anuncia

Demostró anoche que el eslógan del "España va bien" lo domina mejor que la letra pequeña de las medidas que él mismo anuncia. Ayer anunció una, la mascarilla en exteriores. Y generó una notable confusión entre los periodistas que le escuchaban. Cuando mencionó que no será obligatoria si uno guarda la distancia de seguridad.

Si estás con alguien que no es de tu burbuja pero guardas distancia, no hace falta mascarilla. Entonces, le preguntaron a Sánchez, cuál es la novedad. Porque la norma en vigor dice justo eso, que es obligatoria la máscara si no hay distancia de seguridad.

¿Respuesta del presidente? "No en espacios naturales abiertos". Sí en espacios abiertos... ¿no naturales? ¿No en el monte, sí en la calle? ¿Aunque haya metro y medio de distancia con el amigo que camina a tu lado? Sánchez lleva tanto tiempo sin ocuparse, en realidad, de estas cosas que es mejor no pedirle detalles porque se pierde.

"La mayoría de los nuevos enfermos apenas desarrolla síntomas leves"

Hay lo que hay. Y la situación sabemos cuál es. Sesenta mil infectados nuevos cada día. Casi ochocientos por cien mil de incidencia acumulada. Cerca de ocho mil personas hospitalizadas. La vacunación, es verdad, nos está salvando de muchos casos graves. La abrumadora mayoría de los nuevos enfermos apenas desarrolla síntomas leves.

Pero cuidado con encelarse de la comparación con 2020. Hasta ahora podíamos decir que, aun habiendo muchos más contagios, el número de hospitalizados era bajo. Pero la comparación con las Navidades pasadas se va torciendo. Tal día como hoy de hace un año teníamos 11.000 personas ingresadas por covid. Hoy tenemos casi 8.000. Hace un año había 1.900 enfermos en UCI. Hoy tenemos 1.400. A la velocidad a la que aumentan los indicadores, es probable que en los próximos días se equiparen.

Hay una lectura positiva: con muchos más contagios, el número de hospitalizados es similar. Prueba de que la vacuna frena las hospitalizaciones.

Vacunados y todo, la normalidad no termina de llegar. Fue un error equiparar estar vacunado con estar protegido contra el contagio

Pero hay otra lectura que consuela poco: hoy, que ya existen vacunas y que, de hecho, estamos vacunados casi todos la presión hospitalaria por el Covid va pareciéndose a la de las Navidades pasadas. Es decir, que aquella meta que nos proponíamos hace un año ---extender la vacunación para poder recuperar la normalidad--- se ha demostrado engañosa.

Vacunados y todo, la normalidad no termina de llegar. Esto también lo hemos aprendido en este año: fue un error equiparar estar vacunado con estar protegido contra el contagio. Fue un error creer de que la persona vacunada ya estaba libre de contagiarse y contagiar. Y fue un error identificar la vacuna con la inmunidad de grupo, aquella otra meta que íbamos a cruzar en agosto ---hasta hizo la cuenta atrás el presidente--- y que nunca sucedió.

Tenemos los contagios en máximos, no hay inmunidad de grupo y no hemos regresado a la vieja normalidad. Y con estos bueyes hemos de arar la Navidad.